Red&Black

"La verdad es un perro que tiene que acostarse en la perrera, y hay que
sacarlo fuera a latigazos, mientras la señora perra puede quedarse
ante el fuego y oler mal".
Willian Shakespeare – El Rey Lear 


Día 5: 1 am.
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Bella POV

"¡Jacob! ¡Responde!"

"¿Black, en dónde estás?"

"¡Jake, vuelve por favor!"

-¡Cuidado Bella! – tropecé hundiéndome en un montículo de nieve pero no hice nada por amortiguar mi caída. La mortecina luz de la Luna alumbraba con escases colándose entre las ramas de los pinos. Cansada y con la garganta resentida por estar gritando durante horas, me deje abatir por una nueva ola de culpabilidad. Sollozos ahogados brotaban de mi garganta sin poder contenerlos, lágrimas saladas surcaban mi rostro por la preocupación - ¡Bella! – me vi envuelta entre sus brazos cuando se tiro a mi lado en el suelo. La linterna que llevaba consigo rodó hacia un lado cuando me atrajo a su regazo y comenzó a mecerme intentando calmarme.

-¿Se ha roto algo? – peguntó Alice corriendo hacia donde estábamos tirados.

-Sólo tropezó – murmuró Edward acariciándome el rostro. Su voz había perdido todo dejo de alegría pero intentaba ocultármelo, como si eso fuera posible en este mundo - ¿encontraron algo? – preguntó por mi, apretándome más hacia él cuando alcé la cabeza ansiosa por noticias sobre Jacob.

-Nada – respondió el rubio apesadumbrado – Rose y Em han ido al pueblo… es probable que haya querido pasar ahí el resto de la noche – rehuí la mirada de mis amigos escondiendo el rostro en el pecho de Edward pues temía ver la acusación en sus ojos.

-Edward… será mejor que lleves a Bella ha casa, nosotros seguiremos patrullando por el bosque – pidió Alice.

-Esta bien – murmuró Ed con la voz carente de emociones mientras yo me tensaba entre sus brazos – Gracias – susurró despidiéndose de nuestros amigos mientras me cargaba en dirección al gran chalet.

-Edward… - mi voz salió en un áspero susurro, mientras apretaba mi férreo agarre en torno a su cuello.

-Shush… - bisbiseó, plantando un beso en mi frente – no te preocupes Bella, lo encontraremos…

-¡Edward detente! – exclamé esta vez más fuerte sintiéndolo tensarse – bájame – pedí y lo vi dudar – hazlo por favor – poco a poco sentí mis pies tocar el suelo y luché en busca de fuerzas para no volver a caer. Edward parado frente a mí tenía los puños cerrados a ambos lados de su cuerpo, parecía concentrado en algún punto fijo en el cielo, esperando a que hablara - ¿no me piensas mirar? – pregunté con el corazón acongojado a sólo unos pasos de él. Ed suspiró y un intento de sonrisa se extendió por su rostro cuando por fin me miró. Me maldije internamente por estarle causando tanto dolor, si hubiese echo las cosas bien desde un inicio y no hubiese sido tan cobarde, él ni Jacob estarían sufriendo en estos momentos…

-Lo siento – suspiré, y la sonrisa en su rostro bailó – yo no debí… - los dedos de Edwrard callaron mis palabras al posarse sobre mis labios. Suspiró acariciándolos por encima concentrado en sentir, recorrió mi mentón hasta acunar mi rostro entre sus manos.

-No quiero que te disculpes – trató de sonreír – yo… entiendo Bella… y no pienso reclamarte nada – volvió a suspirar rendido y yo fruncí el ceño… "Él no podía estar pensando lo que creo que esta pensando, ¿verdad?" – lo encontraré, te lo prometo… lo traeré para que puedas arreglar las cosas con él – tomó aire para continuar – no quiero verte sufrir más, y si para eso tengo que verte en brazos de… de Jacob… pues… viviré con eso – dijo acariciando mi mejilla – sólo quiero verte feliz…

-¡Basta! – exclamé indignada apartando sus manos de mi rostro con brusquedad - ¿cómo puedes decir semejante estupidez? - balbuceé viendo lo confundido que estaba - ¿Cómo puedes…? – farfullé atragantándome con mi cólera - ¡Dios! – exclamé empezando a dar vueltas como posesa.

-Cielo… yo pensé…

-¡Pues no pienses! – grité con lágrimas en los ojos – No pienses y sólo ámame – pedí llorando. "¡Dios mío, estoy demasiado hormonal!" pensé dándole pequeños manotazos al pecho de Edward cuando éste intentó retenerme entre sus brazos.

-Perdóname – pidió consiguiendo calmarme – perdóname por favor – dijo sonriendo sinceramente mientras acunaba mi rostro – te amo y solo buscaba tu felicidad – susurró acariciando mis labios con los suyos en un roce adictivo.

-Sólo soy feliz a tu lado – acoté buscando más contacto.

-¿Puedo preguntarte algo? – reposó su frente sobre la mía para cuando nuestros labios estuvieron libres.

-Dispara - susurré aún con los ojos cerrados intentando regular mi respiración.

-¿Por qué te estabas disculpando? – abrí los ojos al percibir la confusión plasmada en cada una de sus palabras, y encontré su intensa mirada escrutando mi rostro en busca de respuestas.

-Esto… - sonreí no muy segura – lo siento – volví a repetir besándolo una vez más – veo lo mucho que te lastimo y… eso me mata. Soy una tonta, sé que tarde o temprano algo como esto terminaría pasando, pero mírame… estoy aquí, buscando a un Jacob que no quiere ser hallado, mientras te arrastro conmigo a este hoyo – murmuré hastiada de mí misma – tú no te mereces a alguien tan egoísta como yo… - mascullé.

-Lo amas y eso no tiene nada de malo – susurró tratando de hacerme sentir menos culpable, pero sólo conseguía empeorar las cosas.

-Te amo a ti, a él sólo lo quiero – contradeci negando, tratando de aligerar un poco el nudo en mi garganta. Una sonrisa auténtica alumbró su rostro aunque la preocupación siguió reflejada en sus ojos.

-Pero aún así, tal vez…

-Edward, soy consciente de mis sentimientos pero aún más de sin la compañía de quién no puedo vivir.

-Es un alivio escuchártelo decir… - rió feliz estrujándome entre sus brazos.

-No sabía que tuvieras dudas al respecto…

-Tú no eres la única insegura en esta relación – comentó haciéndome rodar los ojos.

-Ok, entonces formemos un club Cullen.

-Lo que tú desees Swan.

-Vamos entonces – dije tomando la linterna de sus manos.

-Bella… - empezó a quejarse.

-No pienso ir a dormir mientras ustedes se convierten en paletas humanas buscando a Jacob – gruñí.

-Terca…

-Así me amas Cullen – dije tirando de él hacia las sombras.



-Amor…

-Uhmm… Huele bien y esta calientito…

-Cielo, despierta – gruñeron…

-Eso me puede doler Emmet…

-¡Bella!

-No tan duro Emmet… sólo… hazlo… rápido… Uhmmm… ¡así!…

-Me… estas… ahor…can…do

-¡Ay! – exclamé cuando me sentí caer. Desorientada y con los músculos agarrotados luché por despejarme el cabello del rostro.

 -Amor – escuché una voz amortiguada hablar debajo de mí – no es… que me fas… fastidie tenerte sobre mí… pero… me… estoy… congelando…. – trató de hablar mientras los dientes le castañeaban.

-¡Ups! – traté de contener las risas mientras me levantaba de su espalda – lo siento – sonreí tirando de él para sacarlo del pequeño montículo de nieve en el que nos habíamos enterrado. "Que raro… ¿En qué momento me quede dormida?" pensé viendo que el cielo aún no aclaraba.

-Ed…

-Te estabas balanceando peligrosamente tratando de mantenerte despierta – bufó rodando los ojos – estuviste a punto de darte contra algunos árboles para traértelos abajo… así que por la seguridad de los antiguos habitantes de este bosque, decidí cargarte durante el resto del camino – comentó leyendo mis pensamientos mientras se sacudía la nieve del cabello.

-¡Edward! No debiste…

-¿Y ser culpable de la destrucción de medio bosque? – comenzó a reír coquetamente – Además… escucharte hablar en sueños es… muy… interesante – gruñó algo fastidiado.

-Yo no hablo en sueños – fruncí los labios tratando de recordar lo último que había soñado. "Oh" pensé sintiendo cómo mis mejillas se teñían de rojo al recordar.

-Si lo haces, y lo sabes – dijo con los ojos entrecerrados.

-Aún así Ed… tu muñeca no está del todo bien – él se encogió de hombros tomándome de la mano para seguir avanzando entre los árboles.

-Ya no me fastidia – murmuró tirando de mi hasta los lindes del bosque.

-Masoquista – gruñí y el rió entre dientes ayudándome a salir del bosque. Lo miré ceñuda al ver que había vuelto al chalet, el sonrió aunque la alegría no llegó a sus ojos.

-Te iba a despertar de todos modos – susurró tirando de mí hacia la casa.

-Edward… no pienso quedarme en ese lugar – me quejé plantándome a medio camino, él rodó los ojos girando a verme ansioso.

-Te prometí que lo encontraría…



La ansiedad se estaba encargando de destrozarme los nervios conforme subía las escaleras para afrontar las consecuencias de mis actos… "¿Qué le iba a decir? ¿Cómo tenía que actuar en una situación como esta?"… Me estrujaba las meninges en busca de las palabras precisas con las que Jacob me pudiera odiar un poquito menos, pero nada, todos mis pensamientos se había puesto en mi contra, recordándome cada una de las cosas correctas que hice mal…

Suspiros de frustración escapaban de mis labios conforme iba llegando, Edward a mi lado caminaba seguro, siendo mi apoyo y mi única razón por la que no daba marcha atrás en esta campaña de "Destruyamos al chucho, hasta no dejar nada de él"…

-Todo va a salir bien… - susurró apretando mi mano para cuando nos detuvimos a unos pasos de la puerta entre abierta por la que se colaban los suaves acordes de una triste canción - ¿Quieres que…? – susurró señalando a la puerta mientras yo negaba.

-Esto es algo que debo hacer por mí misma – dije con la voz entrecortada. El asintió con el ceño fruncido dejando que la máscara de tranquilidad que había estado manteniendo cayera de su hermoso rostro, dejándome ver lo mucho que le dolía esta situación – Ed – susurré acariciándole el rostro jurándome nunca más ser la causante de su sufrimiento. Edward acortó la distancia que nos separaba uniendo nuestros labios en un beso urgente, un beso amargo, un beso duro capaz de retorcer mis entrañas consiguiendo batirme más allá de lo que la culpa consiguió hacerlo. Renegué de mi nombre y de esa situación en la que nos había metido a todos. Era cierto que me dolía el dolor que le causaba a Jacob, pero éste no era nada comparado con el que sentía al ver a Edward así… "Podré vivir sabiendo que he perdido a Jacob, pero no puedo concebir la idea de una vida sin Edward" pensé sintiendo cómo el beso tomaba una cadencia pausada, llena de sentimientos retenidos por años hasta que se convirtieron en suaves roces…

-Iré por los chicos – susurró acariciando mis labios con los suyos al hablar.

-No demores – pedí empezando a extrañarlo sin que se haya ido aún.

Lo vi perderse escaleras abajo con una sonrisa en el rostro, pero la preocupación aún plasmada en su frente. Los últimos acordes de "Last Christmas" iban llegando a su fin, anunciando mi pronta entrada. Suspiré ingresando al salón alumbrado a medias por la luz de la luna que se colaba desde la terraza, a sólo unos metros por detrás, Jacob estaba sentado en el piano de cola intentando tocar correctamente los últimos acordes de esa peculiar canción. La suave melodía me envolvió, trayéndome los recuerdos olvidados de su triste estrofa…

Last Christmas I gave you my heart
But the very next day you gave it away
This year to save me from tears
I'll give it to someone special
Last Christmas, Last Christmas
I'll give it to someone, special

La melodía llegó a su fin y yo seguía incapaz de decir algo. Jacob aún no se dignaba a mirarme y no lo culpaba, nunca sería capaz de hacerlo…

-No soy bueno en esto… - susurró plantando las manos sobre las teclas, haciendo que sonidos discordantes resonaran en toda la sala – pero por lo menos lo intenté… - murmuró mirando a la terraza.

-A mi me gustó mientras duró… - inquirí luchando contra las ganas de echarme a llorar – Jacob… - lo llamé acortando la distancia entre ambos.

-Quédate ahí Bella – pidió sin voltearse a verme – aún… me es difícil… es decir… Yo pensé que… ¡Maldición! – exclamó cubriéndose el rostro con las manos. Alcé los brazos hacia él buscando consolarlo, pero el negó alejándose de mí. Me abracé a mi misma cuando sentí la desolación ahogarme por su rechazó, y ya no luché contra las lágrimas que estuve conteniendo – No llores Bella… - pidió con la voz contenida luchando por apartar el dolor de sus facciones.

-Lo siento… - gimoteé con la voz quebrada tratando de limpiar las lágrimas infructuosamente. Él bufó y salvó la distancia que nos separaba, limpiando las lágrimas a su manera - ¿por qué siempre terminas siendo tú el que me consuela y yo la que llora? – inquirí llorando más al verlo demacrado y ojeroso.

-Te ves espantosa… - dijo evadiendo mi pregunta mientras limpiaba las lágrimas de mis ojos.

-Lo siento – le dije acariciando sus párpados hinchados, mientras sus ojos ribeteados de rojo rodaban sarcásticos.

-¿Qué voy a hacer contigo Bella? – murmuró sin pensarlo y callé pues no sabía que responderle. Se alejó un poco de mí examinando mi rostro, sus ojos ahora eran insondables.

- ¿Lo amas? – inquirió después de lo que pareció una eternidad. Asentí con lentitud. Sus facciones se distorsionaron por el dolor, hasta que fue capaz de recomponer una sonrisa serena y burlona – ya veo… - murmuró – tuve mis dudas al respecto cuando regresé de Londres, pero ahora todo encaja… - cerró los ojos con fuerza, tratando de contener sus pensamientos – tú y él… ¿hace cuánto…? – preguntó mirando al suelo, su respiración se había vuelto agitada y sus hombros se encontraban tensos. Me mordí el labio, sabiendo que la respuesta rompería más de un corazón en esta sala. La ironía remplazó el dolor en su rostro, y arrugó la frente como si estuviera preocupado - ¿tanto tiempo? - preguntó con indiferencia tratando de ocultar su interés.

-¡No! – la alarma se hizo presente en cada una de mis terminaciones. Frunció el ceño y espero a que continuara – todo se dio poco antes de que tu regresaras – susurré – estaba confundida y no entendía lo que ocurría… - "No querías entender que es diferente" dijo mi mini Ed – luego apareciste tú y pensé que sería lo correcto… - "por eso no debes pensar" volvió a decir mi fastidiosa conciencia…

-Tú y él… son… - el dolor y la frustración se reflejaron en su semblante durante algunos segundos hasta que pudo recomponer esa máscara de indiferencia tan poco usual en él - ¿son novios? – negué, y él asintió comprendiendo - ¿él terminó con la rubia por ti? – su pregunta sonó más a una afirmación mientras se apoyaba en el respaldo del sofá sin mirarme.

-Si… - susurré avanzando hasta estar parada frente a él. Suspiró con la mirada perdida en la nada, luchando contra sus sentimientos…

-¿Por qué no me lo dijiste? ¿por qué me hiciste creer que esto era posible? – sus palabras se incrustaron en mi corazón cual certeras dagas, mi pulso se aceleró y se me hizo imposible formar una oración coherente…

-Lo siento – era la única frase con sentido que se me ocurrió. Un suspiro casi inaudible se escapó de sus labios y yo me mordí el labio, ansiosa.

-Debiste haber sido sincera conmigo…

-No quería lastimarte – susurré.

-Pero lo hiciste – sonrió tristemente penetrándome con esos pozos profundos, antes de rehuir mi mirada.

-Lo sé… - afirmé sintiendo cómo las lágrimas volvían a empapar mis mejillas.

-No llores cariño – pidió secando mis lágrimas, su voz ahora sonaba ansiosa y preocupada- ¿qué más quieres de mí? – preguntó estrechándome entres sus brazos intentando calmar los temblores de mi cuerpo.

-Perdóname… - la suplica se mezclo con mi llanto mientras trataba de abrasar la esperanza de que no todo estaba perdido. Su risa vacía resonó en mi alma, antes de plantar un tierno beso en mi cabello.

-No necesitas pedirlo – susurró apartándome para que pudiera ver la sinceridad en sus ojos – te perdoné desde el momento en que cruzaste por esa puerta – sonrió aflojando su abrazo, no había el menor atisbo de mentira en sus ojos.

-Sabes que te quiero – luché por devolverle la sonrisa. Él rió despreocupado. Pero el sentimiento de pérdida se hizo cada vez más presente para ambos.

-Lo sé – musitó acariciando mi rostro – pero a él lo amas – dijo con voz tranquila, una voz consciente y serena.

-Jake… - el negó aún sonriendo.

-Quiero que seas feliz Bella – tragué saliva – no importa con quién… - asentí a regañadientes.

-¿Y qué hay de tu felicidad? – inquirí. El sacudió la cabeza despacio, sonriendo resignado.

-Yo sólo sé que seré feliz mientras tú lo seas cariño – busqué su mirada. Jake estaba siendo sincero.

-Gracias – murmuré escondiendo el rostro en su pecho. De algo estaba segura en esos momentos, no merecía a una persona tan buena como Jacob.

-Seré tu amigo Bella – susurró en mi oído pasando la manos por mi cabello tiernamente. Ladeé el rostro y él inclinó la cabeza para besar mi mejilla – seré bueno – prometió. Y en ese momento me sentí preparada para dejarlo ir…



Día 5: 4:45 pm.
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Edward POV

Escondí el rostro entre las manos cansado de ver la televisión, sin estar viendo nada. "¿Cuánto más tardarían?" pensé agotado. Había pasado gran parte de la noche esperando por mi Bella y para cuando la tuve entre mis brazos, el desasosiego de verla sufrir de esa manera por Jacob me tuvo en vela durante el resto de la noche. "¿Preocupado?", pues sí, lo estuve. Había temido que Jacob le pusiera las cosas difíciles o que la llegara a convencer de que lo nuestro era un error, pero… el chucho volvió a sorprenderme, otra vez.

"Es un buen hombre". Acotó mi mini Emmet todo encuerado y con látigo en mano.

"¡Que asco me dan los dos!". Resopló mi mini Bella sentada lo más lejos posible de Em y su látigo.

Comencé a masajearme la frente tratando de alejar de mi mente a mis inoportunas conciencias y de paso, al estupor que estaba intentando tumbarme. No tenía de qué preocuparme, la tormenta ya había pasado, y un nuevo comienzo se veía en el horizonte…

-Lo siento tanto… - la voz de Emmet sonaba apesadumbrada. Cerré los ojos con más fuerza, tal vez si no contestaba me dejarían tranquilo durante algunos minutos más.- Eddie… - "¡Maldición!" pensé sintiéndolo picarme las costillas.

-¿¡Qué! ¿¡Qué quieren ahora! – dije perdiendo la poca paciencia al ver a mi par de tontos amigos parados frente a mí, mirándome con pena. "¡Genial! ¡Y trajeron al pavo consigo!".

-Edward… - Jazper me palmeó la espalda en señal de apoyo, pasando por alto las miradas de basilisco que empecé a enviarles a ambos. Suspiró y volvió a hablar – lo siento hermano… - arrugué el ceño cuando todo rastro de cansancio fue reemplazado por la ansiedad. "¡No por favor! ¿Ahora qué?".

-Bella… - tragué en seco para cuando la preocupación me volvió a golpear al escucharlos pronunciar su nombre. Miré nervioso al par de hombres que me devolvían la mirada serios y esperé ha que terminaran de matarme de una vez por todas – Bella se fue con el chucho – la voz de Emmet me taladró los sentidos. La incredulidad se hizo presente en mi rostro. No, no podía ser…

-No… - murmuré negando.

-Sí… - dijeron ambos a la vez que asentían.

-No… - volví a negar con más énfasis.

-¡Que sí! – exclamaron ambos fastidiados.

-Sólo fue a despedirse de él al aeropuerto… - susurré tratando de creer en mis propias palabras.

-No Edward – negó el rubio agachando la cabeza abatido, o eso parecía.

-Bella se ha ido con él… - susurró Emmet mirando al suelo.

Silencio…

"Ella no se pudo haber ido…
No… no tiene sentido…
No pudo…
Ella no".

Me terminé de recostar en el respaldo del mueble bajo la atenta mirada de mis amigos. Dejé caer la cabeza abatido tratando de luchar contra la ola de dolor que me ahogaba por dentro. Los ojos me empezaron a escocer, y el respirar ya no era una prioridad. Una vorágine de sentimientos hicieron estragos en mí, todos luchando por sobresalir y traerme abajo, pero solo uno me poseyó en ese momento… desesperación. Me levanté picado como un resorte dispuesto a hacer lo que sea, menos quedarme sentado.

-¡Espera! – gritó Em para cuando ya estaba llegando a la puerta. "¿Qué querían ahora?" – entonces… ¿eso es todo? – gruñó molesto.

-¿Cómo…? – traté de seguir hablando pero estaba realmente confundido.

-¿¡No piensas echarte a llorar! – gritó indignado – ¡Aunque sea una lágrima! – bufó.

-Esperen… ustedes no… – miré ceñudo de un Emmet que refunfuñaba molesto a un Jazper que sonreía radiante.

-¡Págame Emmet! – pidió el rubio golpeándolo en el hombro, triunfante.

-No espera, falta poco… - Em entrecerró los ojos acortando la distancia entre ambos, alargó su dedo índice y volvió a picarme en las costillas.

-¡Qué demonios les pasa! – grité alejándome de él cuando tuve su cara a un palmo de distancia. Me estaban haciendo perder tiempo invaluable si pensaba ir detrás de Bella…

-¡Gane! – volvió a decir el rubio pagado de sí mismo.

-¡Maldición Edward! ¡Me has costado 300 dólares! – "¡Ah, no! ¡No, no, no!... ¡NO!… ellos no pudieron…". Muy bien, ahora ya no estaba desesperado, estaba enfurecido…

-¿Qué apostaron? – pregunté tratando de mantener la calma, mientras me masajeaba el puente de la nariz - ¡HABLEN! – bramé cuando los escuché reír nerviosos. De lo que menos tenía ahora ganas, era tener que aguantar sus estúpidos juegos. "Es la edad" dijo mi mini Bella. "Son las hormonas" acotó mi mini Em, azotando su látigo muy cerca de ella – ¿Y bien? – mascullé entre dientes dando un paso hacia adelante acercándome a ellos. Instintivamente ellos retrocedieron dos pasos mirándose nerviosos.

-Aposté que te echarías a llorar cuando te dijéramos que Bella te abandonó por Jake – comentó Emmet con una sonrisa nerviosa bailando en su rostro. La vena de mi frente comenzó a palpitar furiosa, aunque una brisa de alivio me tranquilizó durante unos segundos al entender que Bella no me había dejado. Sólo por unos segundos…

-¿Entonces mi Bella…? – "Mi Bella, que bien se sentía decirlo sin limitaciones" pensé algo más emocionado. "¡Vamos Eddie, concéntrate y arráncales las bolas por estúpidos!" gritó mi adorable y muy pacífica mini Bella.

-Necesitabas un pequeño incentivo Eddie… - dijo el rubio alzando las manos en son de paz.

 -Corran – mascullé antes de salir pitando detrás de ellos.



Día 5: 6 pm. 
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"Lo que me faltaba, romperme la otra muñeca". Resoplé encendiendo con esfuerzo el panel de control de la cabina. Entre malhumorado a la acogedora estancia. Un conjunto de piedras calientes reposaban sobre el sistema de calefacción, ayudando a graduar la temperatura. Coloqué hojas de eucalipto sobre éstas roseándolas con agua. Rápidamente la estancia comenzó a ganar temperatura y el vapor empañó los paneles frontales que eran de vidrio. Ajusté la toalla a mi cintura mientras apreciaba mi reflejo en la puerta del pequeño sauna. Las horas de desvelo ya me estaban pasando factura. Sombras oscuras se cernían bajo mis ojos, y mi piel se veía más pálida de lo normal. Suspiré pasando la mano por mi vientre desnudo limpiando las pequeñas gotas de sudor que se estaban empezando a formar.

"Tal vez una pequeña siesta no sea mala idea". Pensé echándome en una de las bancas de abeto.  "¡Claro, de la noche a la mañana decidiste ser impotente!". Resopló mi mini Bella. "Será mejor que no te quedes dormido si quieres tener descendencia". Volvió a atacar. Gruñí fastidiado intentando ignorarla. El vapor siguió alzándose por los aires relajando mis músculos tensos mientras observaba absorto el pequeño reloj de arena que colgaba de una de las paredes. Luché contra el sueño, sonriendo adormilado mientras escuchaba las quejas de mi pequeña y adorable conciencia hasta que ya no pude más y caí dormido…

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"Edward, amor…"

Había estado caminando en medio de la selva, el asfixiante calor cerniéndose sobre el aire a pesar de estar bajo la sombra de los gigantescos árboles que se alzaban en el camino. El canto de los pequeños habitantes del imponente lugar se mezclaba con el sonido de las olas rompiendo sobre las rocas no muy lejos de mi paradero.

"Amor, despierta…"

Su voz me llamaba. Comencé ha abrirme paso en medio de las enredaderas. El fango empezaba a llegarme hasta las rodillas, pero seguí avanzando. Era atraído hacia ella, como el canto de las sirenas hace con los marinos errantes. No tenía escapatoria. Era algo contra lo que no quería luchar.

"Amor, te estas arrugando…"

Seguí avanzando ansioso por llegar hasta mi amor. Los árboles comenzaron a disminuir en número, y los rayos solares empezaron a colarse entre sus ramas. La voz del bosque se hizo más lejana y un estrecho camino se descubrió ante mí. Corrí descalzo sobre la hojarasca del suelo hasta que ésta dejo de ser. Por reflejo me tapé los ojos cuando la impactante luz incidió en ellos. Bajo mis pies la arena caliente me daba la bienvenida a este nuevo paraíso.

"Despierta…"

El suave baile de las olas acariciaba la playa virgen para cuando una diosa hecha mujer emergió de sus aguas…

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-Pensé que nunca despertarías… - las manos de mi ángel surcaban mi rostro limpiando las gotas de sudor que corrían por éste. Su cálido hálito se entremezclaba con el vapor acariciando mis sentidos – buenas noches dormilón – su rostro a pocos centímetros del mío resplandecía mientras su cabello caía mojado a ambos lados de su rostro.

-¿Amaba mi corazón hasta ahora? – pregunté posando mi mano sobre la suya que había estado descansando en mi mejilla - ¡Jura que no, vista mía! Pues nunca he visto verdadera belleza hasta esta noche – los ojos de mi ángel se abrieron sorprendidos reconociendo los versos de uno de sus libros favoritos. Sus mejillas se tiñeron de un rojo más profundo mientras sonreía deslumbrada.

-Si profano con mi indigna mano este sagrado santuario, pecado de amor es éste – recité los versos de Romeo atrayéndola a mí. La pequeña toalla que cubría su perfecto cuerpo se alzó unos centímetros distrayéndome un instante - Mis labios, peregrinos ruborizados, están dispuestos a hacer penitencia por este áspero toque con un tierno beso. – mi ángel cerró los ojos entreabriendo sus labios para mí, su aliento dulce y caliente me dio en el rostro haciéndome sentir necesitado de la diosa que estaba frente a mí. "¡Ya sólo bésala idiota!". Gritó mi pequeña conciencia exasperada y así lo hice… Acaricié sus labios con mi lengua haciéndola gemir, ella gustosa respondió permitiéndome profundizar el beso. No dejé ningún resquicio sin recorrer. Los labios de mi Bella eran adictivos, y su incesante movimiento me volvía loco Capture uno de ellos entre mis dientes antes de empezar a besarla con devoción. El aire se hacía escaso pero eso no nos importó…

-Besas conforme a las reglas del arte – recitó con los ojos cerrados recostando su frente sobre la mía. Respiraba con dificultad y una serena sonrisa se extendía por sus labios hinchados.

-Hermosa – la llame buscando su mirada - ¿llevo dormido mucho tiempo? – pregunté tirando de ella hasta tenerla recostada conmigo en la banca. Ella negó mordiéndose el labio inferior. Suspiré, sus ojos ribeteados de rojo me devolvieron la mirada durante unos segundos mirándome intrigados, mientras la arena del reloj seguía cayendo.

-Acabamos de encontrar a Emmet y Jazper – comentó mirándome con los ojos entrecerrados - ¿tienes algo que decir al respecto? – preguntó dando pequeños besos por la piel expuesta intentando distraerme. Gemí bajito antes de contestar…

-Ellos se los buscaron… - mascullé.

-Si… tienes razón – resopló alejándose un poco para verme mejor – lo siento… - dijo acariciando las sombras bajo mis pómulos. Últimamente estaba empezando a odiar esa palabra… ambos la habíamos estado repitiendo mucho.

-Shushh Bella – bisbiseé - no quiero que te sientas mal – pedí. La verdad estaba tan embelesado mirándola, Bella, mi sueño hecho realidad, que todo pensamiento coherente había huido de mi mente. Qué podía hacer si tenía frente a mí a una diosa griega que hacía palidecer a todas las deidades del Olimpo. Y por un instante deseé poder olvidar todo el daño que habíamos hecho, olvidarnos de todo, solo ser ella y yo sin nada ni nadie de por medio.

Bella me miraba con deseo y amor flameando en sus ojos, pero una pequeña sombra de culpabilidad opacaba el habitual brillo en los preciosos orbes de mi ángel. La bese con desesperación mientras la despojaba de esa toalla que la hacía ver irresistiblemente sexy. Mis manos no se quedaban quietas y recorrían su cuerpo con adoración y desesperación, ella era algo demasiado bueno para ser verdad. Baje mi boca a su cuello, mientras succionaba con fuerza queriendo marcarla como mía, estuve ya una vez demasiado asustado de perderla como para pasar por eso otra vez.

Ella solo jadeaba y gemía fuertemente, mientras sus manos estaban aferradas a mi cabello atrayéndome hacia ella, y yo gustoso obedecía. Me separé de ella para observar embelezado sus pechos que botaban en el aire por su errática respiración, una vez más capturé uno en mi boca saboreando el más delicioso manjar, mientras atendía al otro con mi mano. Bebí de ambos como si fuera un hombre que no ha probado agua en mucho tiempo, sus pequeñas manos sin perder tiempo me desataron la toalla, que era lo único que ocultaba mi muy evidente y dolorosa erección. La tome por las caderas alzándola para tener un mejor acceso a su coño, en medio de la nebulosa de sensaciones que nos recorrían a ambos metí dos dedos en ella para sentir su humedad. Sus jugos se escurrieron entre mis dedos haciéndome gemir. Bella estaba más que lista para mí. El ambiente se volvió más sofocante y mi ángel empezó a frotarse contra mi mano. Estreché su húmedo cuerpo contra el mío gimiendo audiblemente en su oído, la amaba y deseaba demasiado.

La tome delicadamente y la recosté en la banca de madera y presuroso me monté sobre ella volviendo a apoderarme de sus, ahora, rojos e hinchados labios, que solo me llamaban a besarlos. Frote mi nariz en su cuello aspirando fuertemente su intoxicante esencia, mezclada con el olor a eucalipto propio del lugar.

-Di mi nombre Bella – Me encantaba oír mi nombre de sus hermosos labios cuando gemía presa del deseo. Mordí su cuello incentivándola a que hablara…

-Ed... Edward por…favor - Suplicaba mi Bella entre gemidos mientras frotaba mi erección en su cálida entrada… "¡Dios!..Siempre estaba tan húmeda, tan lista…"

-Dime lo que quieres amor - dije introduciendo solo la punta, mientras ella se retorcía debajo de mi moviendo sus caderas en busca de más contacto. Detuve sus movimientos sintiéndome desfallecer cuando comencé a perder la poca cordura que me quedaba, no iba a ceder… aún… quería que me lo dijera.

-Te…necesito…a…ti…dentro de mi… ¡AHORA! - ordenó gritando la última palabra cuando mi dedo empezó a hacer círculos sobre su clítoris.

-Tus deseos son ordenes mi ángel - Gruñí entrando en ella, finalmente, de una sola estocada.

-Siempre tan… estrecha…tan hermosa… - Dije apretando los dientes… "Dios, esto se sentía demasiado bien… definitivamente era adicto a ella".

Me moví dentro y fuera de ella rápidamente mientras sus gritos y gemidos eran cada vez más altos.

-¡Oh, por Dios, Edward!... ¡más! - me suplicaba desesperada, y yo como su fiel esclavo le obedecía más que gustoso.

-¡Edward! - Grito al sentirme de nuevo acariciando su clítoris, mientras sus paredes comenzaban a estrecharse aún más, a mi alrededor.

-¡Dios, Bella! - Gruñí mientras sentía que el clímax me alcanzaba, unas cuantas embestidas más y me derrame en su interior. Agotado, me recosté sobre su desnudo pecho mientras escuchaba el alocado palpitar de su corazón, y su agitada respiración tratando de calmarse…

En cuanto tuve la fuerza suficiente me levante y la cargue envolviéndola en una toalla mientras yo hacía lo mismo conmigo, y la llevaba de vuelta a su habitación, por lo tarde que era y por la dolorosa y angustiante espera -al menos por mi parte- todos deberían estar durmiendo, demasiado agotados como para hacer otra cosa.



Día 7: De vuelta a casa…
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27 de Diciembre
Meribel - Francia

Recostado en mi oscuro lecho, observaba a contra luz las piedras que pendían de la hermosa joya. Todas formando un triángulo perfecto, contrastando no sólo en su origen sino en su especial significado. "Dos colores tan opuestos pero complementarios a la vez" pensé girando la cajita de terciopelo entre mis dedos.

Suspiré levantándome para guardar la joya en el fondo de mi maleta. Por como habían salido las cosas, había decidido esperar y pedírselo la noche de año nuevo, pero últimamente los días se estaban haciendo eternos. La noche estaba empezando a caer, el cielo empezó a llenarse de estrellas conforme el ocaso iba llegando a su fin. En el exterior, el viento se arremolinaba en los rincones de la casa, pero no se sentía frio. Tomé las últimas tandas de ropa que quedaban en el armario y las metí en las maletas que aún tenía libres.

A diferencia de nuestros padres y Jacob, nosotros habíamos decidido quedarnos unos días más en el chalet. Ellos alegando que tenían que adelantarse para los preparativos de la fiesta de Año Nuevo, decidieron regresar antes, y Jacob, pues, él sólo quería un poco de espacio.

Cerré la maleta pensando en los últimos días. La cara de felicidad de Charlie al enterarse que Jake y Bella habían terminado no tenía precio. Ni siquiera se molestó en disimular su regocijo – bufé. Su sentido del humor aumentó con creces en las últimas horas, bromeando sin parar a pesar del estado en el que se encontraba, pero… no le duró mucho. Tío Andrew y sus certeros comentarios consiguieron hacerlo rabiar al mencionar la posible lista de espera a posibles yernos, que aguardaban ahora por Bella…

-Piensa en Félix… el instructor ése… tú viste cómo la miraba…

-Cierra el pico Andrew… - masculló Charlie perdiendo poco a poco los ánimos.

-Bueno, es sólo un decir… - sonrió contento – Uhmmm… estaba pensando…

-No lo hagas…

-¿Y qué tal Eddie? – me atraganté al escucharlo nombrarme – acaba de terminar con la rubia esa con la que estaba saliendo… además que él y Bella se llevan de maravilla….

-Cállate… - la cara de Charlie cada vez se ponía más cetrina.

-Te ofrecería a mi muchachote, pero él ya encontró a su diosa… así que… ¡Vamos Charlie, que todo quede en familia!

-¡NO!

Me estremecí recordando lo mal que se tomó la idea – vamos, tampoco soy tan mala opción. Tome mi abrigo, yendo a la habitación de mi ángel. Si sólo había reaccionado así con el comentario de Andrew, me preguntaba qué sería capaz de hacer cuando le pidiera formalmente la mano de Bella. Otro escalofrío me recorrió al imaginarme parado en el patíbulo, con los ojos vendados esperando ser ejecutado. Hasta podía estar seguro que si le pedía ayuda a Emmet para torturarme, éste le prestaría sus servicios sólo por diversión – Nota mental: secuestrar a Pepón para tener con qué chantajearlo.

Suspiré tomando el pomo de la puerta para girarlo pero ésta ya se encontraba abierta. Entre repasando la habitación. Todo estaba en su lugar: su par de maletas descansaba al lado de la puerta, y un juego de ropa quedaba sobre la cama esperando por ser usados. La llamé pero nadie contesto, extrañado entre al baño en busca de mi Bella, pero tampoco estaba ahí…

-Bella – volví a llamar pero nada. Comencé a preocuparme y estaba por salir del cuarto, cuando una puerta en la que no había reparado se abrió mostrándome una escena… grotesca.

-¡Eddie! – gritó mi primo en tanga, mientras yo me tapaba los ojos por la lacerante imagen. Suaves murmullos y risas se colaron por la puerta detrás de él llamando mi atención – estaba yendo a buscarte… - dijo con su particular voz cargada de burla.

-¡Tápate! ¡Por favor! – rogué caminando a ciegas hacia la puerta - ¡Demonios! – grité cuando choqué con la pata de la cama. La estruendosa risa de Emmet no se hizo esperar, y mis ánimos empezaron a caldearse.

-¡Ya déjalo tranquilo Em, y ve por las bebidas! – escuché gritar a mi ángel desde algún lado en la otra estancia.

-Si mi capitán – gritó pasándome de largo, dándome una última vista de su firme trasero, "que asco", pensé estremeciéndome.

-Edward – la voz de mi Bella me sacó de mis pensamientos. Detrás de la puerta una gran terraza se abría paso dejándote sin aliento al contemplar la hermosa vista de Meribel y las montañas que la rodeaban. Pero ése mágico panorama yacía opacado por la hermosa mujer que me devolvía la mirada con los ojos resplandecientes.

-Ed – volvió a llamar con las mejillas sonrojadas.

-Hermosa – susurré sentándome a la orilla del jacuzzi en dónde estaban metidas las chicas y Jazper. Me agaché y besé su mejilla haciéndola reír nerviosa.- te extrañé – susurré acariciándole el rostro.

-¡Oh vamos! Si la acabas de ver hace un par de minutos… - bufó la pequeña pixie.

-No te metas Brandom – mascullé entre dientes, ganándome las risas del resto.

-Métete Edward – pidió mi Bella y no me pude negar.

-Saco largo – escuché toser a Jazper disimuladamente, para cuando fui por mi traje de baño.



Me cambié con prisa y regresé a donde estaban todos. Un gran alivio me invadió al ver a Emmet en el agua, forcejeando para destapar el champán – un trauma menos – suspiré empezando a desatar el nudo de mi bata.

-Bella… ¡Bella! – la voz de Rose sonó exasperada, llamando la atención de todos en la terraza.

-¿Si? – dijo mi reina avergonzada - ¿qu-que decías? – tartamudeó mientras la sangre se iba aglomerando bajo sus mejillas.

-¡Dios, Bella! Estas en las nubes – dijo rodando los ojos – te preguntaba si quieres unas… - dijo extendiéndole la fuente de fresas con chocolate – mi ángel asintió avergonzada y yo sonreí complacido.

-Amor… hazme un espacio –Sonreí torcidamente al encontrarme con sus pupilas dilatadas por el deseo. El nudo de la bata cedió y mi pulso se disparó al sentir la mirada de Bella recorrer cada parte de mi cuerpo relamiéndose sus labios carnosos cuando la bata calló al suelo. Me quedé parado frente a ella sintiéndome poderoso, y deseando que sus ojos que me recorrían con placer, fueran reemplazados por sus suaves manos. Un suspiro escapó de sus labios, y terminó de llevarse a la boca la fresa que había dejado a medio comer. Gemí bajito cuando la vi relamerse los labios limpiando todo vestigio de chocolate que había en éste.

-Si no nos piensas hacer un stripper, entonces métete al agua Cullen – pidió la pixie riéndose de ambos. Resoplé haciendo oídos sordos de sus burlas.

La charla se prolongó durante algún tiempo, mientras la luna brillaba en lo alto. Con Bella entre mis brazos me sentía completo. No todos tienen la suerte de encontrar a su alma gemela y aún más, que ésta resulte ser tu mejor amiga. Suspiré contento.

-¿Todo bien? – preguntó mi reina alzando el rostro al verme distraído. Asentí.

-Todo esta perfecto – dije besando su frente y estrechándola en mis brazos.

-No Emmet, Bella te superó el día en que decidió salir con James - comentó Alice riendo sin parar, llamando la atención de ambos. Desde hace algunos minutos, la pixie y Emmie se habían enfrascado en un debate sobre los recuerdos más bochornosos de nuestra vida, y vaya que se estaba poniendo difícil la cosa pues la lista era larga.

-Alice… - dijo Bella entre dientes, yo entrecerré los ojos recordando el dichoso día.

-¿Qué pasó? – preguntó Rose más interesada, viendo cómo Jazper pasaba un brazo sobre los hombros de Alice para que esta dejara de botar de arriba abajo.

-Ni se te ocurra – masculló mi ángel malhumorada.

-Oh Bella – rogó el pequeño demonio – ¡por favor! – pidió haciendo un puchero adorable. "¡Demonios! ¡Ella sí que sabe!". Pensé viendo cómo mi ángel cedía poco a poco, escondiendo la cara en mi pecho cuando aceptó a regañadientes y Alice empezó su historia.

-(…)… Y a James no se le ocurrió mejor idea que llevarla a la fiesta que estaban dando en casa de Tyler…

-Se había chamuscado el pelo y estaba completamente mojado – masculló entre dientes mi Bella haciéndonos reír a todos – en algún lugar tenía que cambiarse…

-No entiendo, ¿qué tenía de malo la fiesta de Tyler? – intervino Jazper encogiéndose nervioso al ver cómo Bella lo taladraba con la mirada.

-El punto es mi querido cuchurrumin, que Bella había salido con el pretexto de que iba a ir a clases…

-¿Tan tarde? – preguntó la rubia. Mi Bella se encogió de hombros quitándole importancia.

-Clases privadas – dijo riendo bajito haciéndome bufar fastidiado.

-Pero te encontramos – exclamó mi primo apuntándola triunfante.

-Ni siquiera me estuvieron buscando – inquirió – ustedes ya estaban ahí bastante ocupados – dijo molesta...

-Yo si te estaba buscando – acoté riendo de lo adorable que se veía celosa de un recuerdo. Aunque la risa no me duró mucho al recordar lo enfermo que me puse de la cólera de verla con James en la fiesta muy acaramelados…

-¿Cuál fue tu excusa? – dijo para sí mismo Emmet concentrado en recordar – ¡Ah si!… Fuiste a tus clases pero alguien le disparó a tu profesor, los policías llegaron y como no dieron con el asesino, no vieron lugar más seguro que la fiesta de Tyler, ¿verdad?... así que te dejaron ahí con James de guardaespaldas…

-¡Hey! Yo estoy contando la historia… - interrumpió el duende molesto.

-Pero igual nos hicimos cargo de James – dijo riendo perversamente pasando por alto a la pixie– y de todos los chicos que mostraron interés por mi Bella en esa fiesta…

-¡Sí! – exclamó Em feliz – James se cambió de escuela…

-Amigos – resopló mi reina – se pasan un año entero buscándote novio, y cuando lo consigues solo quieren que lo dejes…

-Era un imbécil – agregó Em.

-Es un imbécil – corregí yo.

-El problema continuó en casa. Ninguno de los tres teníamos permiso para salir – nos interrumpió mi Bella señalando a los implicados - y cuando llegamos a casa discutiendo en medio de gritos como: "¡Yo me puedo tirar a quien quiera!", "¡eres un maldito estúpido!", "¡entonces tú te puedes follar al portero y yo no!"… y cosas así, pues… Carlisle y Esme nos encontraron en medio de una acalorada escena… y no muy… presentables…

-Consecuencias – agregué estremeciéndome al recordarlas – una interesante charla grupal con Andrew, Carlisle y Charlie….

-¡Ya basta!... yo quería contarlo… -todos paramos de reír de golpe al ver que el genio de Alice estaba empeorando – ¡Ay!... ya no importa – dijo cruzando los brazos malhumorada mientras Bella se acercaba a abrasarla.

-No les has contado de la instructiva charla de sexo que me dio Emmet – le comentó haciéndola saltar emocionada, para luego parar de la nada y girarse a verla molesta.

- No la recuerdo – dijo haciendo un puchero.

-¿En serio?... Los condones, los dibujos y videos ilustrativos, ¡hasta la banana!... – comenzó a enumerar cada una de las cosas que Emmet usó para su "pequeña" charla.

-Oh… verdad – reí recordando lo traumada que salió Bella de esa peculiar conversación.

-Fueron dos Bella… - comentó Emmet riendo sonoramente – ¡Bananín y Bananón!

-No me sorprende que no hayas querido salir con ningún hombre después de eso – dijo la pixie más contenta. Bella rió regresando a mis brazos.

-Bien hecho – le susurré al oído recostándola en mi pecho. Ella rió bajito besando el lugar en el que se encontraba mi corazón – pensé que ése era uno de tus peores recuerdos – comenté acariciándole los cabellos.

-Los recuerdos de los cosas que he vivido con ustedes no son malos, sino simplemente… interesantes y los mejores de mi vida – dijo sonriendo al ver lo contenta que estaba Alice.

-Te amo – le susurré al oído.

-Y yo a ti.



Día 9: 7 pm.
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29 de Diciembre
Bridgehampton – New York


Bella POV
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Había oscurecido, la luna se alzaba en lo alto proyectando sobras desdibujadas que acechaban en las salientes de los numerosos edificios a ambos lados de la carretera. Miré absorta a través de las lunas polarizadas de la gran limosina en la que nos estábamos transportando, e intenté adivinar las caras de los transeúntes a los que pasábamos a gran velocidad conforme las hileras de edificios iban desapareciendo y majestuosas casas los iban reemplazando mientras más nos acercábamos a Bridgehampton. Me acurruqué en el pecho de Edward empezando a tiritar, New York se encontraba cubierta de nieve, tan poblada y activa.

-¿Por qué no duermes un poco? – susurró bajito para no despertar a las chicas que dormían no muy lejos de nosotros en los brazos de sus novios. Tomó una manta que había venido cargando desde que bajamos del avión y me la echó encima, frotando mis brazos para hacerme entrar en calor.

-No tengo sueño – susurré pegándome más a él. Él rió bajito y rodeó mi cintura empezando a tararear la nana que compuso para mí hace mucho tiempo.

-Tramposo – mascullé empezando a adormecerme, para cuando caí en un duermevela, fatigada e intranquila…



-Esto es extraño… - ¿esa era Alice?... pero entonces por qué se escuchaba nerviosa.

-Alice tiene razón, lo mejor es que demos marcha atrás… - susurró Rose. "¿Quién encendió la radio?". Pensé apegándome más al cuerpo de Edward.

-Nuestros padres están adentro, no veo el motivo… tal vez sólo se adelantaron con las cosas… - comentó Emmet. Me removí inquieta entre los brazos de Edward, tratando de estampar esas fastidiosas voces.

-Silencio… la van a despertar – susurró mi ángel.

-¿Me vas a decir que conoces a todas esas personas? – la voz de Alice subió un par de octavas más.

-¿Alguno de ustedes ha podido comunicarse con mis padres? – la voz de Edward ahora se oía algo más molesta y preocupada, pasando por alto la pregunta de Alice.

-No… - dijeron todos a la vez.

-¿Qué sucede? – pregunté con la voz pastosa, luchando contra el sueño.

-Shushh… -bisbiseó Edward besándome la frente – vuelve a dormir princesa – pidió reteniéndome entre sus brazos, pero ya había perdido todo el sueño al ver la preocupación plasmada en sus ojos.

-¿Qué sucede? – volví a preguntar pero nadie pudo contestar. Me incorporé intentando pensar en medio de la bulla que venía de algún lugar fuera de la limosina en la que en nos encontrábamos, pero me sorprendí al ver que el carro se había detenido frente al portón de la mansión de los Cullen por el cual pasaban personas en sus mejores galas.- ¿Qué…?

- Nadie sabe… - se apresuró a decir Alice tan confundida como yo.



Nos abrimos paso en medio de la gente que empezaba a ingresar por la puerta para una ocasión de la cuál ninguno tenía idea. Un hombre en traje nos impidió el pase mirándonos despectivamente. "Ok, éramos los únicos que no vestíamos para la ocasión. ¡Pero era nuestra casa!... bueno… la de Edward"…

-Muévete… - masculló Alice indignada. "A Alice Brandom nadie le impedía el ingreso a ningún lugar, y mucho menos a una casa que era como suya"

-Buenos noches señores – dijo el pequeño hombre mirándola asustado – ¿sus nombres por favor?...

-¡Oh, esto es increíble! – exclamó Rose tan molesta como Alice, por lo que Emmet la tuvo que sostener para que no se tirara sobre el hombre que sólo cumplía con su trabajo.

-Mis padres son dueños de este lugar – dijo mi Ed tratando de disimular su disgusto. El joven lo miró nervioso tras escuchar estas palabras.

-¿Us-sted e-es Ed-dward Cullen? – preguntó empezando a sudar para cuando Ed asintió – c-con su p-permiso… - murmuró corriendo al interior de la casa en donde se estaba llevando a cabo la fiesta. Todos nos miramos intrigados pero Emmet fue el encargado de romper el silencio…

-¡Muy bien!...Tengo hambre y ahí dentro hay una fiesta llena de comida gratis – comentó empujándonos para abrirse paso – así que con su permiso… - dijo ingresando a la mansión.

El interior de la gigantesca casa había sido adornada con esmero. La orquesta tocaba música variada desde un elevado entarimado al fondo del gran salón. Los mozos iban y venían con fuentes a rebosar sirviendo a los invitados que charlaban amenamente en pequeños grupos repartidos por todo el lugar. Empecé a buscar con la vista a mis padres o a algún conocido que me pudiera explicar todo esto.

-No te alejes de mi lado amor – pidió Edward entrelazando nuestros dedos ansioso.

-No los veo por ningún lado Edward – comentó Jazper reteniendo a Alice entre sus brazos. Rose se había separado del grupo para ir detrás de Emmet quien había corrido detrás del primer mozo que vio cargado de comida.

-Si nos quedamos parados aquí no vamos a dar con ellos nunca – suspiré frustrada.

-Ya vengo… creo haber visto a Leanne – dijo Alice apartándose de Jazper sin esperar respuesta alguna. El rubio nos dio una mirada de disculpa y fue detrás de su novia dejándonos solos.

-Edward… - lo llamé ansiosa, viendo cómo la gente nos empezaba a mirar. Muchos de ellos eran socios nuestros, extranjeros y nacionales, familia y conocidos.

-Calma bonita… - susurró acariciando mi rostro mientras barría la sala con la mirada en busca de Carlisle.

-¿Ese es Aro Vulturi…? –preguntó confundido, pero me distraje al ver una mata de pelo oscuro no muy lejos de donde estábamos parados. "Estas viendo cosas Bella". Me dijo mi conciencia, pero estaba segura de haberlo visto.

-Bella, mira…

-¡¿Jake? – me aparté un poco de Edward para verle mejor, pero un hombre regordete se interpuso en mi campo de visión.

-Amor… - comenzó a decir Edward pero se detuvo a media frase - ¿qué hace Jacob aquí? – preguntó jalándome a su pecho confundido.

Cómo si hubiese oído su nombre se giró a vernos angustiado, una mueca de dolor cubrió su rostro y su frente se llenó de arrugas. Apreté más el agarre de nuestras manos cuando lo vi luchar para abrirse paso en medio de la gente. Temblé pensando que había cambiado de idea y ahora venía a pelear por una causa perdida. Tiré de Edward para alejarnos de ahí pero él no se movió, tenía la vista fija en el fondo del salón. Lo miré confundida tratando de entender para cuando se giró a verme con pánico en los ojos…

-Vámonos…- pidió pero fue muy tarde. La voz que resonaría en mis pesadillas durante mucho tiempo se alzó por los parlantes atrayendo la atención de todos los invitados. Mire a Jacob que se había detenido a pocos metros de nosotros y ahora me devolvía la mirada cargada de dolor.

-Buenas noches a todos – comenzó a hablar para cuando la música paró – sé que muchos se están preguntando por el motivo de esta fiesta…- sonrió mirando a todos sus invitados- y viendo que él ya esta aquí, creo que no hay más excusas para retrasar la sorpresa pues quiero que todos ustedes la compartan conmigo…. Edward amor…- dijo esa infame mujer llamándolo desde la tarima. Todos los presentes callaron esperando a que continuara hablando – sé que estas aquí corazón –rió la muy hipócrita mientras los reflectores se movían en busca del nombrado– me atreví a realizar esta fiesta en tu ausencia y agradezco a tus padres por la colaboración – no muy lejos de la tarima pude vislumbrar a mi familia que miraban a Tanya ceñudos y fastidiados, apartados de todos. Esme era retenida por Carlisle, y mis padres miraban apenados la escena- amor… ¡estoy embarazada! – una serie de murmullos se alzaron por todo el lugar.

Algunos aplaudieron pero más fueron los que callaron, la gente que nos rodeaba nos comenzó a mirar y a señalar… "¿Acaso importaba?"... Mi corazón dejó de latir y la sangre dejó de correr por mis venas en un instante, me sentí desvanecer, pero seguí ahí parada, abrasada a Edward quién no había dicho nada desde esa revelación.

-Edward… ven cielo y acompáñame en el estrado – pidió Tanya con voz melosa.

Sentí asco, sentí dolor, sentí morir… las lágrimas comenzaron a aglomerarse en mis ojos, pero luché por retenerlas, debía ser fuerte, no podía mostrar debilidad. Edward apretó nuestras manos y giré a verlo, sus ojos brillaban llenos de una angustia agotadora. Sus facciones distorsionadas por el dolor brillaban en desesperación. El quiso hablar pero yo negué, no era el momento…

-Ve – susurré tratando de parecer fuerte. El negó, su respiración se volvió errática y la petición que hice lo tomó por sorpresa – hazlo…- dije luchando por contener las lágrimas.

-No quiero – continuo con amargura. La voz de Tanya seguía llamándolo, y los reflectores nos apuntaron atrayendo la atención de todos hacia nosotros.

-Ve – volví a repetir, retirando mi mano de entre las suyas. Retuvo el aliento en ahogados suspiros. La agonía nos estaba calando hondo, su dolor era mi dolor pues yo era Edward, mis más grandes alegrías y las más insanas desdichas fueron siempre las de Edward. La desesperación nos desquició, los crueles juegos del destino volvían a tirar las cartas en nuestra contra, otra vez. – ve – dije por última vez instándolo a que avanzara. Lágrimas silenciosas corrían por sus mejillas, la resolución y felicidad de hace unos momentos había desaparecido junto con todo lo que fuimos.

Lo vi perderse entre la muchedumbre poco antes de que mi vista se empañara por el mar de lágrimas que brotaban de mis ojos. ¿Era posible amar y sufrir tanto a la vez? – Ahogué el llanto - Amar duele, pensé retrocediendo hasta que ya no pude avanzar. Un par de brazos me rodearon por detrás tratando de controlar mis temblores, la gente comenzó a aplaudir a la pareja sobre el escenario pero yo ya no era consciente de lo que sucedía a mi alrededor.

-Lo siento Bella – la voz de Jacob sonaba cargada de una pena que yo no quería. No quería sentir sus brazos rodeándome, mi corazón gritaba por los de otro. Mi alma lloraba por su ausencia.

-Vámonos – rogué en un susurro cuando las fuerzas empezaron a abandonarme y una nueva agonía me consumió…


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