Disclaimer: como ya todos saben, los personajes le pertenecen a la gran Stephanie Meyer, pero la historia es mía, así que disfrútenla.



Hola a todas ^^…

¡Diablos! Tardé más de lo esperado pero bueno, por lo menos estoy aquí. Y este capítulo es el real, no una broma como el anterior. Antes que me ignoren y se pasen de frente al capítulo, quería hacerles algunas aclaraciones del capítulo 16 (Red&Black):

-Primero: que me equivoqué en las fechas (no es de mucha importancia pero vale aclararlo). Ellos llegaron a NY el 27 de Diciembre, ¿ok?. Sólo ténganlo en cuenta ^^, yo sé por qué se los digo.

-Segundo: el capítulo anterior fue una broma pero este sí que es enserio. No se arranquen los pelos, ni decidan contratar sicarios para matarme cuando lleguen al final. Les tengo muchas sorpresas y cero dramas. Bueno, tal vez un 5% de drama… ¡Quién sabe ^^!

-Tercero: Las extrañé muchoooooo….

-Cuarto: no puedo creer que sigan leyendo esto jejejeje… deberían haberme ignorado y saltado de frente a la historia ^^. Anyway, se les agradece.




REVAMP

"El amor no es amor cuando está mezclado con consideraciones
que se apartan del punto principal"
William Shakespeare



En el capítulo anterior…

-Edward… ven cielo y acompáñame en el estrado – pidió Tanya con voz melosa.

-Ve – susurré tratando de parecer fuerte. El negó, su respiración se volvió errática y la petición que hice lo tomó por sorpresa – hazlo…- dije luchando por contener las lágrimas.

-No quiero – continuo con amargura. La voz de Tanya seguía llamándolo, y los reflectores nos apuntaron atrayendo la atención de todos hacia nosotros.

-Ve – volví a repetir, retirando mi mano de entre las suyas. Retuvo el aliento en ahogados suspiros. La agonía nos estaba calando hondo, su dolor era mi dolor pues yo era Edward, mis más grandes alegrías y las más insanas desdichas fueron siempre las de Edward. La desesperación nos desquició, los crueles juegos del destino volvían a tirar las cartas en nuestra contra, otra vez. – ve – dije por última vez instándolo a que avanzara. Lágrimas silenciosas corrían por sus mejillas, la resolución y felicidad de hace unos momentos había desaparecido junto con todo lo que fuimos.

Lo vi perderse entre la muchedumbre poco antes de que mi vista se empañara por el mar de lágrimas que brotaban de mis ojos. ¿Era posible amar y sufrir tanto a la vez? – Ahogué el llanto - Amar duele, pensé retrocediendo hasta que ya no pude avanzar. Un par de brazos me rodearon por detrás tratando de controlar mis temblores, la gente comenzó a aplaudir a la pareja sobre el escenario pero yo ya no era consciente de lo que sucedía a mi alrededor.

-Lo siento Bella – la voz de Jacob sonaba cargada de una pena que yo no quería. No quería sentir sus brazos rodeándome, mi corazón gritaba por los de otro. Mi alma lloraba por su ausencia.

-Vámonos – rogué en un susurro cuando las fuerzas empezaron a abandonarme y una nueva agonía me consumió…


CONTINUACIÓN…

.
.
.

Una densa oscuridad empezó a tragarse los contornos de la fiesta frente a Bella. La luces de los reflectores fueron perdiendo intensidad y el frio a su alrededor le oprimió el corazón cuando los brazos de Jacob la dejaron de proteger, y la figura de Edward se perdió por completo en las sombras. "¿Qué estaba ocurriendo?", pensó en medio de su desesperación, dejándose caer en medio de una vorágine de imágenes sin forma y ruidos discordantes haciendo eco en medio de la nada.

Pánico. El pánico más crudo y letal la poseyó al verse sola, en medio de una oscuridad opresiva y asfixiante que tragó toda silueta frente a ella. "¿Qué ocurría? ¿A dónde habían ido todos?". A donde fuera que mirara solo había oscuridad. La fiesta en la que había estado hasta hace unos segundos, había pasado a ser parte de esa gran nada que amenazaba con tragar todo a su alrededor. Mareada, luchó por controlar las nauseas que la embargaron cuando el miedo se cernió sobre su garganta al ver que el piso bajo ella se abrió, dejándola caer en medio de un torbellino de imágenes sin sentido.

"¡No!", pidió volviendo a cerrar los ojos con pánico al percibir una imagen de Edward enrollándose con Tanya en su departamento. "¡Basta!", quiso gritar disgustada para cuando la imagen fue reemplazada por una de la boda de Ed y Tanya. Se sentía enferma sosteniéndose la barriga con fuerza cuando las arcadas doblaron su cuerpo en dos al verse parada cerca de Edward en el altar pero como observadora pasiva, mientras los novios intercambiaban alianzas. "¡Y un cuerno!", pensó deseando poder estrangular a alguien en ese momento.

-"Se esta poniendo verde"

-"¡Maldita sea Emmet, me estas aplastando!"

-"¡Ay Eddie, que delicado te has vuelto!"

Silencio. Las voces dejaron de sonar a su alrededor y un grito que no logro materializarse resonó en su cabeza para cuando la imagen de Tanya, orgullosa y satisfecha entre los brazos de Edward, apareció frente a ella. ¿Qué le estaba ocurriendo?.

-"¿Cuál tomó?"

-"Esa no, la botella azul"

-"¡Te dije que te deshicieras de ella!"

-"¿Qué es?" – preguntó una voz cantarina.

Otra vez silencio.

"Debo estar soñando", pensó Bella al no encontrarle sentido a esas voces. Bueno, por lo menos las imágenes habían desaparecido por completo, pero seguía sin poder despertar. Sus músculos no reaccionaban y su cuerpo se negaba a cooperar. "¿O tal vez me desmayé?", pensó dándole voz a sus temores, moviéndose a ciegas en esa marea negra. Era una buena opción, después de todo, ahora no sabía qué había sido real. ¡Y un demonio!. Todo debía de ser una maldita pesadilla, sí, eso debía ser. Pero entonces, ¿por qué no podía despertar?...

-"¡La drogaron!"

-"Se drogo sola"-alguien gruñó-"además, cuando lo usamos en Jacob no le cayó tan mal" –un golpe cortó el hilo de esas palabras.

-"Bella" –escuchó una voz llamarla poco después- "despierta ángel"

"Si claro, cómo si fuera fácil", quiso contestar pero sólo consiguió gruñir. Odiaba sentirse desorientada. Y esa voz, por supuesto, la reconocería en cualquier lugar... Gimió frustrada, luchando por salir de las sombras. El frio estaba empezando a abandonar su cuerpo, pero tenía los músculos tan tensos como cuando cayó presa de esa densa oscuridad. Tenía que salir de ahí, a como diera lugar.

-"¡Mira! Creo que se esta moviendo…"

-"¡Claro que se esta moviendo grandísimo soquete!"

-"¡No griten!"

Silencio.

"Gracias", pensó inquieta y siendo presa de un agudo dolor de cabeza. Lágrimas. Había empezado a llorar sin poderlo evitar cuando imágenes de todo lo que había pasado durante esas últimas semanas comenzaron a llenarle la mente, ahogándola en un mar de recuerdos. El departamento y Edward, la oficina y su familia, el viaje a Meribel y una promesa de amor; bueno, nunca le prometió nada, Edward nunca habló de compromiso… Tuvo que tragar pesado tras esa verdad… "Vamos Bella, soy hombre. Amo mi libertad, así que… nunca la arriesgaría por una mujer"; recordó sus palabras años atrás cuando tomaban una copa a las afueras del campus universitario, pero ahora era diferente, ¿verdad?. Se trataba de ella así que tenía que serlo… Pensó en todas esas situaciones que habían vivido juntos, se sentían tan reales y tan lejanas al mismo tiempo. Ahora tenía miedo de despertar, ¿qué había sido real?…

-"Bella, despierta…"

Unos fuertes brazos comenzaron a tirar de ella en medio de tanta oscuridad. Ya no tenía frio, este había desaparecido por completo para ser reemplazado por un estado de inquietante lasitud. Y su voz… esa voz… podría reconocerla hasta en los confines más lejanos de la tierra. Era tan insoportable…

-"Eso es Belli-Bells… regresa."

-"¡No la muevas Emmet!"

-¿Te sientes bien?… -preguntó Alice muy cerca de ella. Bella sintió la cabeza embotada pero aún así se forzó a contestar con un leve movimiento de cabeza. No quería abrir los ojos aún, tenía miedo de despertar y seguir en alguna parte de la espantosa fiesta.

-Es tu culpa Emmet – la voz de Rose sonaba irritada y un fuego asesino brillaba en sus ojos al ver a su nada-delicado-novio querer samaquear a la castaña convaleciente.

Haciendo a un lado ese insoportable dolor provocado por el bruto de Emmet, y con la vista aún algo pesada, Bella consiguió ir enfocando la vista poco a poco. Tenía los músculos pesados y la cabeza algo embotada, pero por lo menos había salido de las sombras y estaba empezando a reconocer las cosas a su alrededor.

Edward estaba aferrándola a él tanto, que le estaba costando respirar. Sus hermosos ojos, surcados por arrugas de pura preocupación, la inspeccionaban en busca de algún malestar. Se sintió aturdida, perdida en esa mirada penetrante que tanto la hipnotizaba. Estaba tumbada en el asiento de la limosina que los había recogido en el aeropuerto, o eso parecía. A las afueras, las luces de NY le daban la bienvenida a una noche fría mientras se abrían paso en la congestionada ciudad de los altos rascacielos.

"No estaba en la mansión de los Cullen. ¡Ni siquiera se habían dirigido allí!", pensó dirigiendo una mirada frenética a través de la ventana cuando el coche se detuvo a las afueras de un lujoso edificio. Su edificio. Estaba en casa.

Se estremeció cayendo de nuevo en su asiento. Nadie había dicho nada a su alrededor, todos la observaban como si fuera a desplomarse de un momento a otro y no los culpaba, estaba al borde de la histeria. Todo había sido un sueño, un estúpido sueño.

-Tanya… Tanya no esta embarazada- musitó con la mirada perdida en el horizonte. Edward la miraba inquieto e intentó atraer su atención pero ella lo ignoro, seguía absorta saboreando esa verdad. Todo había sido una horrible pesadilla, una mala pasada de su mente. Una risa histérica escapó de sus labios, mientras lágrimas rebeldes empezaron a surcar su rostro haciendo que todos la miraran preocupados.

-¡Ahora si que la cagaste Emmet! –exclamó Rose golpeando a su novio- ¡La dejaste trastornada!.

-¿Bella, estás bien? –la voz de Jazper se oía cercana, pero Bella de un certero manotazo lo hizo retroceder. Estaba concentrada en asimilar la idea. El tráfico en el exterior seguía su curso, trayendo consigo los ruidos de una despierta ciudad.

-Bella…-susurró Edward valiéndose de su fuerza para atraerla a él. Edward no podía creer lo que estaba pasando frente a él, para cuando su castaña dejó de removerse entre sus brazos, se desplomó en medio de un llanto desesperado que le desgarró el alma. "¿Qué se había perdido?", pensó meciéndola en busca de reconfortarla.

Algunas horas después seguía sin entender cómo habían llegado a esa situación. Desde que habían abordado su avión privado desde Meribel, la había notado algo pálida e ida, pero lo atribuyó a lo poco que habían podido descansar. Edward le habría insistido en que tomara una siesta pero no fue necesario ya que, mientras cruzaban el Atlántico, Bella había caído en un duermevela del que fue casi imposible sacarla -¡Y Dios sabe que Edward hizo de todo por despertarla!-, pero la castaña pasó a ser un objeto inanimado más, en ese lujoso avión. Durante los pocos momentos de lucidez, Edward había sufrido junto a ella viéndola retorcerse y balbucear incoherencias entre sueños, queriendo sacarla de ese estado de sopor cuando la vio llorar sin estar despierta. Apretó los puños. Esta vez sí que Emmet se había pasado. Sabía que no había sido su intensión olvidar deshacerse de los somníferos que usaron con Jacob, pero... Se apretó el puente de la nariz frustrado, ese error le había costado caro.

La observó. Se veía más tranquila ahora que estaba dormida, sin los restos del somnífero corriendo por sus venas. La luz de la luna se colaba a través de la ventana, bañando su imagen, haciéndola verse frágil y mágica en medio de esa gran cama. Su corazón se encogió dentro de su pecho recordando lo que había dicho, "Tanya no está embarazada". Al comienzo no lo había entendido, pero cuando vio el miedo ser reemplazado por la duda y luego por la aceptación en su cara, se maldijo por dentro por haber sido un cabrón todos esos años, yendo de mujer en mujer frente a ella, sin mirarla nunca, sin detenerse a pensar en sus palabras, en su forma de actuar.

Tiró de su ropa furioso consigo mismo hasta estar desnudo. Aún ahora no le había dado la seguridad que ella se merecía, y era por eso que ella seguía dudando aunque no lo dijera. Tuvo que escucharla y verla sufrir entre sueños para darse cuenta. Soy un imbécil, se dijo.

Se metió desnudo bajo las sábanas atrayéndola a si cuando Bella se removió entre sueños. "Era tan hermosa… ¿cómo podía guardar aún dudas?", pensó observándola embelesado. Pero él se encargaría de alejar cada una de ellas, así tuviera que forzarla a ello. Sonrió complacido. Sabía que su castaña no se tomaría a bien lo que lo que estaba pensando hacer, pero… un hombre tenía que hacer de todo por conseguir a la mujer que ama.



El sol aún no estaba completamente en lo alto para cuando su condenado celular comenzó a sonar. Bella gruñó, removiéndose fastidiada. No, hoy no. El mundo, su casi-novio-desaparecido, y ese jodido aparato se podrían ir al mismísimo infierno si querían, pero Bella Swan no movería el culo para contestar otra llamada más. ¡Válgame el cielo!. Durante los últimos tres días ese objeto infernal no había dejado de sonar. Gimió frustrada, tapándose con una almohada en busca de amortiguar el sonido. "Si no era su madre, era Alice, si no era el pequeño demonio, era Emmet, si no era Emmet era Rose... y la lista seguía, y seguía", pensó irritada, tirando la almohada a un lado para observar el pequeño objeto maligno. No era que se quejara -bufó- apreciaba sus esfuerzos por querer hacerla "sentirse bien" ya que Edward últimamente pasaba más tiempo en la oficina que en su cama, y el mal humor de la castaña se hacia cada vez más palpable, tanto que ahora se podía cortar el aire a su alrededor con un cuchillo… Sonrió. Pues bien, si su casi-novio encontraba más entretenido el trabajo en las oficinas que trabajar en ella, pues genial, ¡que se joda!... "Sí, y ese aparató también", pensó levantándose de la cama en un arranque de locura, y tomando consigo el celular. No pensó en lo mucho que había pagado por él, ni pensó en que luego tendría que reemplazarlo. Ni siquiera se detuvo a ver de quién era la llamada. Con una rapidez que no era propia de ella a esas horas de la mañana, abrió las ventanas que daban a su terraza y sin limitaciones, tiro el objeto fuera de su vista, viéndolo perderse pisos abajo, agradeciendo que el tráfico de las primeras horas de la mañana acallara ese estridente sonido.

Suspiró cerrando las ventanas corredizas tras ella. Las luces y ruidos de la ciudad bullían de vida a las afueras, mientras el silencio dentro de su habitación se había vuelto acuciante. "¡Genial!" – Bufó - "Se estaba volviendo bipolar", pensó cuando comenzó a extrañar ese irritable sonido.

Sin detenerse a reparar en el lugar vacio al lado de su cama, tomo una muda de ropa y se dirigió a la ducha. Otro día en el que se bañaría sola. Vamos, era raro. Hasta hace dos días Edward no había podido estar sin sacarle las manos de encima dispuesto a dejar todo por ella, y ahora, lo veía solo por las noches ya que en las oficinas andaba demasiado ocupado para buscarla. Por lo menos seguía durmiendo en su departamento, aunque era lo mismo que nada. Siempre se veía tan cansado y ansioso de evitarla, que estaba empezando a pensar de qué se había cansado de ella. "No, debe haber otro motivo", pensó mirándose al espejo de la bañera, "le echaría la culpa al síndrome pre-menstrual pero estaba segura de que los hombres no sufrían de eso. Tal vez… ¿la andropausia?... Nah, no creo…". Bufó. Basta de Edward por un día, estaba lo suficientemente agotada emocional y físicamente, para seguir con ese rollo. Últimamente dormía la mayor parte del día, pero su cuerpo parecía no sentirlo, así que empezó a creer que una buena ducha mañanera podríaayudar… "¡Por qué a mí!"… exclamó irritada cuándo el timbre de su departamento comenzó a sonar.
Furiosa, giró dispuesta a asesinar a quién estuviera al otro lado de la puerta cuándo lo sintió…

-¡Oh… mierda! – consiguió decir encogiéndose sobre la tasa del wáter, cuando una nueva arcada la doblo en dos.

"¡No por favor!", pensó cuando escuchó que alguien la llamaba ahora desde su habitación. – ¿Bella…?

-No…estoy…- gimió retorciéndose tras otra arcada.

-¡Diablos! – exclamó Jacob arrodillándose a su lado.

-¿Cómo… ent-tras-te? – gruñó. Una nueva arcada la sacudió, haciéndola callar.

-Shshh -bisbiseó el chucho, mientras tomaba una toalla y la mojaba para luego refrescarle el rostro y el cuello con ella.- aún tengo la llave que me diste – dijo parándose a mirarla con el ceño fruncido – estaba llamándote para ver si te la podía entregar cuando… no contestaste… y… me preocupé…

"Genial, genial, genial", pensó Bella asintiendo incómoda por el silencio que siguió a esas palabras,- Era demasiado temprano… - se justificó, aunque odiaba seguir sintiéndose culpable. Jacob asintió a su lado quitándole importancia.

–Estaba cerca, así que… bueno, ya sabes –dijo encogiéndose de hombros- ¿estas mejor? – preguntó poco después, tendiéndole una mano cuando las arcadas desaparecieron y Bella comenzó a tener mejor aspecto.

-Si… esto… gracias – agregó tomándola para levantarse. No sabía qué más decirle, así que se dirigió al lavabo para hacer tiempo mientras se lavaba los dientes. Jacob se movió como autómata tras ella y la observó absorto a través del espejo.

-No tienes muy buen aspecto…

-Gracias, siempre tan galante… -bufó ella rodando los ojos.

-Lo digo en serio Bella – el ceño fruncido de Jacob se hacía cada vez más profundo, y Bella comenzó a pensar que terminaría dejando serias marcas en su lindo rostro si no lo tranquilizaba.

-Debo haber pescado alguna infección –suspiró.

-Estas más delgada…

-Últimamente no como bien, ¿terminaste?…- "¡Lo que faltaba, estaba poniéndose de mal humor otra vez!", pensó irritada, esperando que Jacob terminara con esa conversación.

-No –una media sonrisa se extendió por el rostro de Jacob mientras apartaba un mechón que caía suelto sobre su hombro – estas molesta, ¿verdad?... –sonrió- y apuesto que el chupasangre tiene mucho que ver…

-Púdrete Jacob – la voz de Bella salió con una calma relativamente peligrosa para cuando apartó la mano de Jacob de un certero manotazo. Él volvió a sonreír.

-¿Problemas en el paraíso? –preguntó dándole la espalda, mientras salía de la habitación. Jacob sabía que Bella estaba por explotar, y lo estaba esperando con ansias, no porque lo estuviera disfrutando en sí, sino porque sabía que ella necesitaba hablarlo. Con lo terca que era su ex-novia sabía que se estaba tragando sus problemas sin recurrir a nadie, y una vez que Jacob se enterara qué le molestaba, se encargaría de solucionarlo. "¡Maldición!. Edward debería estarse haciendo cargo de ella", pensó reviviendo la imagen de la castaña doblada sobre el wáter.

La escuchó gruñir a sus espaldas cuando se adentró en la cocina, esperando encontrar algo que le pudiera servir. – No, no hay problemas… - gruñó Bella lanzándole miradas de basilisco.- que diablos… ¿qué haces? – preguntó viéndolo moverse con gracia por su cocina.

-Preparo un poco de café…

Una linda mueca se extendió por el rostro de la castaña, y Jacob tuvo que rehuir la mirada para no sentir esa opresión en el pecho que lo había venido atormentando durante los últimos días.- yo paso…-dijo Bella dejándose caer en una de las sillas del amplio lugar.

-Amas el café.- aseveró Jacob confundido. No era posible que su… que Bella hubiese cambiado de la noche a la mañana. Bella le quitó importancia encogiéndose de hombros, mientras se dirigía a la alacena y tomaba un paquete de galletas que se puso de inmediato a desmigajar para llevárselo a la boca.

-Mi estómago esta en pie de guerra.- dijo llevándose un pequeño trozo a los labios.

Jacob dejó las tazas a un lado y la miro preocupado.- ¿Has ido al doctor?

-Oh, cállate Jacob… eres peor que mamá.-bufó.

Bella se estremeció a ver que los ojos de Jacob brillaban peligrosos. -Llamaré a Edward.- Dijo él con calma, como si le estuviera hablando a un pequeño niño rabioso.- y verás que el chupasangre te llevará a la clínica, así sea a rastras…

-¡No, no lo harás! –bramó la castaña nerviosa.

-Muérdeme Isabella.- "Diablos, ¿él había dicho eso?", pensó, pero no pudo detenerse a reparar en eso porque Bella se abalanzó sobre él en busca de quitarle su móvil. "Diablos, Bella si tenía fuerza", pensó boqueando por ingresar aire a sus pulmones cuando cayeron al suelo y el impacto de la caída lo dejo desarmado.

Bella se estiró sobre su cabeza tomando el móvil que había salido disparado hacia un lado. Satisfecha y con los nervios a mil, se incorporó sentándose a horcajadas sobre el pecho de Jacob, cuando empezó a inspeccionar el móvil triunfante.- No tienes su número.- lo acusó molesta, buscando exasperada en la pantalla.

Jacob tosió intentando esconder una sonrisa.

-Me engañaste.-gruñó Bella hundiendo un dedo acusador en su pecho. Jacob intentó fingir inocencia pero fracasó monumentalmente. Sentir a Bella sobre él, bromear con ella de esa manera, era apuñalarse a sí mismo con las manos desnudas. Tenía que apartarla. Ella ya no lo quería y él no se aprovecharía de la situación, después de todo, el sería el único lastimado. Jacob se removió incómodo bajo ella, consiguiendo que Bella dejara de lado el celular y lo mirara con el ceño fruncido- ¡Dios! Lo siento Jacob… debo pesar mucho. – dijo haciendo el esfuerzo por levantarse, pero congelándose al momento. –Oh, otra vez no…-gimió luchando por incorporarse rápidamente.

Jacob la miró preocupado cuando la sintió temblar. Intentó sostenerla pero ella ya se había apartado y estaba corriendo a hacia la puerta. "¡Síguela imbécil!", se gritó a sí mismo corriendo tras ella y deteniéndola a mitad del pasillo.- ¿qué ocurre Bella?.- dijo consiguiendo retenerla entre sus brazos girándola para verla ansioso. Bella tenía los ojos abiertos de par en par, y había perdido el color del rostro cuando desistió de querer apartarlo….

-¡Ay! – fue lo único que consiguió exclamar Jacob cuando la vio doblarse otra vez, presa de las nauseas matutinas sin poder contener las arcadas...

"Eso te pasa por imbécil", pensó resignado. Bueno, sólo le quedaba esperar a que Bella le dejara tomar una ducha rápida después de esto...



-Entonces… ¿comprendieron?-pregunto Alice. Un extraño rictus corono su semblante al ver que ya nadie le prestaba atención. Edward tembló, el pequeño demonio terminaría matando a alguien si las cosas no salían conforme a lo acordado.

Miro a su alrededor; Emmet, James y Seth estaban conversando despreocupadamente al lado de la barra de comida que había pedido traer a su oficina, para esa ocasión. Rose no dejaba de gritarle a quién sea que estuviera al otro lado de la línea, mientras Reneé la incitaba a que los presionara más. Charlie se encontraba malhumorado, sentado en la esquina más apartada de la oficina, como si no quisiera formar parte de la reunión. Andrew y Carlisle se veían incómodos, sintiéndose inútiles mientras observaban de sus mujeres a los planos y bocetos, que estaban regados por todo el lugar.

¡Genial!, de la noche a la mañana su oficina se había visto infestada de artículos extraños a los que sólo ellas podrían darle utilidad. Bufó. "Esto no pinta bien", pensó arrepintiéndose de haberlos involucrado en esto, pero no había tenido otra opción… Él había pensado en algo sencillo e íntimo, pero no pudo imponer sus deseos cuando se trataba de lidiar con una pequeña dictadora en potencia y su séquito de seguidoras. Bella lo mataría, y luego lo traería a la vida para volverlo a matar. Tragó pesado.

Cuando acudió a Alice y Reneé en busca de su apoyo y consentimiento, nunca esperó involucrar a tanta gente, y eso incluía al par de imbéciles a los que Emmet llamaba amigos… Claro, tampoco estaba en sus planes rehuir a su novia durante tanto tiempo, pero era eso, o que Charlie lo colgara como piñata del techo para que Emmet haga su magia. "No tocarás a mi hija hasta ese día", había sido su mandato. El cobrizo bufó, su futuro suegro tenía complejo de Dios. "Pero él dijo, no tocarás… más eso no incluía el dormir en la misma cama de ella"… Después de todo, en la ignorancia se encontraba la felicidad.

Ignorancia. Bella ignoraba todo lo que estaban haciendo, y él ignoraba cuál sería su reacción. No, tal vez no lo ignoraba del todo… Si de algo estaba seguro era de que ahora mismo Bella lo odiaba. Durante los últimos días no había hecho más que evitarla, porque Dios sabía que esa mujer podía leer en él como si fuera un libro abierto.

Suspiró. "Un día, solo faltaba un día más", se repitió como un mantra, mientras tomaba la mano de Alice para tranquilizarla.-Ya déjalo por hoy Alice.- le pidió, arrepintiéndose al instante cuando le vio devolverle una mirada furibunda.- este…yo… -balbuceó meciéndose el pelo, al verla acercarse peligrosamente.- si me haces algo, todo esto se va al diablo…

-¡Hazlo, yo consigo un reemplazo!- exclamó Charlie eufórico desde su sitio, hablando por primera vez desde que empezó todo eso.

-Alice…- Edward alzó las manos en son de paz, mientras comenzaba a rogar Dios en todos los idiomas que conocía. Tratar con una persona estresada, era de por sí un problema. Tratar con Alice estresada, era firmar tu carta de defunción.- ¿sabes que te quiero verdad?.- Jazper a sus espaldas gruño, pero Edward lo ignoró.

-Púdrete Cullen.-gruñó Alice, mientras tomaba uno de los retratos que había sobre su escritorio y lo usaba como proyectil.

-Alice –bufó Rose, mientras recogía su bolso de uno de los muebles.- Si lo vas a descuartizar, hazlo ahora. Nuestro vuelo sale dentro de cuatro horas…

Un gritito exasperado salió de ese pequeño cuerpo sobresaltándolos a todos, cuando de la nada empezó a dar órdenes a diestra y siniestra.-Recojan los bocetos chicas, terminaremos con eso en el avión. Esme, toma las flores, no esas… las otras.–empezó a balbucear, corriendo de un lugar a otro.– ¡Edward!- exclamó.

-Aquí estoy Alice.-dijo el cobrizo sobándose los oídos.-no tenías que gritar…

-Cállate y escucha.-dijo la pequeña temperamental apuntándolo con otro retrato en la mano.-el vuelo de ustedes sale mañana… así que…-tomo aire buscando tranquilizarse.- tienes una semana desde entonces para convencerla… si lo haces ahora o allá, será cosa tuya -Emmet soltó una carcajada desde su lugar.- pero si te atreves a arruinarlo… - la mano que tenía libre se alzó, apuntando del cuadro a la cabeza del cobrizo reiteradas veces, tratando de dejar en claro el mensaje.- ¿Capiche?.- Edward tragó asintiendo. "¿Por qué no podían hacerlo de la manera tradicional?", bufó cansado, al ver que Alice no dejaba de verlo con suspicacia antes de girarse con estilo, y tomar sus cosas para dirigirse a la puerta.

-Emmet, ya sabes qué hacer…- dijo Alice deteniéndose a mitad del camino. Emmet asintió emocionado, y esa era la parte que Edward más temía… Su teléfono comenzó a sonar cortando el hilo de sus pensamientos, haciéndolo mirar intrigado el nombre que salía en su pantalla.

-Contesta ese bendito teléfono, Edward.- ordenó Alice, saliéndose por la puerta pero Edward ya no la escuchaba... Edward miró hacia los hombres que habían quedado con él. Emmet desde una esquina lo veía con una ceja arqueada, y una sonrisa burlona en el rostro. Ignorándolo, se dirigió a la terraza donde tendría un poco de privacidad para lo que haría a continuación…

-¿Qué quieres?…- contestó malhumorado.



-Bella…Bella… Tierra llamando a Bella.-dijo Jacob moviendo las manos frente a su cara. Los comensales en las otras mesas los miraron interesados, pero Jacob pareció no percibirlo. Bella a su lado, blanqueó los ojos al ver su actitud infantil.-vamos, come.-ordenó su nuevo auto-proclamado guardaespaldas.- no has tocado ese plato desde hace…-consultó su reloj- media hora.

-No tengo hambre.- dijo por enésima vez.

-Y a mí no me importa.-agregó él empujando su plato hacia ella.

Esta bien, así se lo dijera de una y mil maneras Jacob no entendería. Su estómago protestó. Tal vez fue su error dejarlo acompañarla a la clínica, pero no tuvo otra opción, pues al parecer, hoy toda su familia se puso de acuerdo para ignorar sus llamadas. Incluido Edward.

"Edward", pensó sintiendo un tirón en su estómago."¿Cómo se lo diría?"

"¡Fácil!", exclamó su mini-Emmet, "Vas y le dices: Sabes Edward, recuerdas que te dije que estaba mal porque comí algo en mal estado... Bien, olvídalo. No estoy mal, no del todo. Y tampoco comí nada en mal estado. Solo fue una de mis niñas, que decidió tragarse a uno de tus muchachotes. Genial, ¿no?"

"Si serás idiota", dijo una encantadora pero peligrosa mini-Bella arrancando un árbol que apareció de la nada, para usarlo de bate contra Emmet. "Se va… se va… se fue", dijo tirando a un lado como si no pesara nada, para cuando Emmet salió disparado hacia el cielo.

"Ay no, ya me volví loca", pensó la castaña, gimiendo al estar imaginando esas cosas.

"Te enamoraste de Edward. Más loca no puedes estar", bufó mi mini conciencia sacando un puro y mirándome con una ceja alzada antes de agregar. "¿Quieres un consejo?"

"No gracias", se apresuró a pensar la castaña.

"Igual te lo daré", dijo su mini-Bella dándole una calada a su puro. "Espéralo despierta, y ve de frente al grano. Dile: Te ganaste la lotería, ¡estoy embarazada!...Tienes dos opciones, ¿lo tomas o lo tomas?".

"¿En serio?", bufó la castaña, "¿ustedes son mis conciencias?"

-Bella…Bella…-volvió a llamarla Jacob- si no me contestas ahora te besaré…

-No te atrevas Jacob Black.- gruñó Bella, tirándose contra el respaldar de su silla. Jacob la miró ceñudo durante unos segundos, para luego estallar en carcajadas.

-Antes no te molestaba tanto… - dijo sosteniéndose la barriga. Poniéndose serio de un momento a otro.

"Tu ex es bipolar, como tú", aseveró mini Emmet saliendo de la nada.

"Vamos, dile que no meta el hocico donde no es bienvenido", agregó su mini Bella.

Bella rodó los ojos, mirando al vaso de agua que le habían llevado. No era tan sencillo como todos pensaban. La noticia de estar embarazada había sido la mejor que había recibido en toda su vida, pero… Edward, él estaba actuando tan extraño últimamente que no sabía si se lo iría a tomar a bien. Suspiró, moviendo el contenido de su copa.

-Tienes que decírselo Bella… estoy seguro que la noticia lo hará feliz.- siguió balbuceando Jacob.

En serio, la vida era de lo más extraña. Si alguna vez le hubieran dicho a Bella que estaría sentada en un restaurant como aquel, manteniendo este tipo de conversación con su ex-novio, y siendo aconsejada por él para luchar por una relación que mantenía nada más y nada menos mantenía con Edward Cullen, pues… se hubiera reído de lo absurdo de la situación. "El amor era de locos…", pensó mirando con ternura al hombre que farfullaba frente a ella.

"A parte de idiota y bipolar… resultó ser un todo mártir", bufó aburrida su mini-Bella.

Bella sonrió, agradecida con la vida. Por el pequeño ser que estaba creciendo en su vientre, por un amigo como Jacob, y hasta por Edward. Esa noche no lo dejaría marcharse a la cama sin hablar. Como su madre siempre decía; al toro se lo debía tomar por las astas… Y Edward no era una persona difícil de domar. Una ola de calor la recorrió y se posó en su bajo vientre por la expectación, coloreando sus mejillas de carmín. Jacob la miró intrigado y ella rehuyó su mirada. A las afueras, el ritmo de la ciudad seguía su curso. Faltaban pocos días para año nuevo y la gente se aglomeraba en las tiendas. Copos de nieve del tamaño de un botón empezaron a caer del cielo como gotas de lluvia. Suspiró mirando su reflejo en la ventana cuando algo llamó su atención, robándole el aire de los pulmones.

-Bella… ¿estás bien? –preguntó Jacob, pero su voz se hacia cada vez más lejana.- estaba bromeando cuando dije que te besaría… Bella… ¿me escuchas?

Pero Bella no lo escuchaba, todos sus sentidos estaban alertas. Dentro de ella, la ira bullía en cada una de sus células, y la decepción obnubilo su visión. Al otro lado de la acera, Edward había bajado de un auto con Tanya, y la tenía tomada del brazo mientras se detenían en la puerta del hotel frente a ellos.

Aunque no podía verle el rostro a Edward, los gestos de Tanya hablaban por si solos. Se sintió como una estúpida y se insultó por haberse dejado engañar. Mientras ella lo buscaba y se sentía mal pensando que lo estaba incomodando, él estaba con su ex novia. Y solo Dios sabe si alguna vez terminó con ella.

"¿Y Jacob qué se supone que es?", dijo riéndose su mini Emmet, "Tiene complejo de perro y arrastrado, pero no significa que sea un animal… del todo"

"¡Cállate!"

"No te comas la mente Bella", le sugirió su mini Bella rodando los ojos.

Una mueca sarcástica se extendió por el rostro de la castaña. "¿Ahora lo defiendes?", pensó apartando las voces de su cabeza.

Una última mirada le vasto para enterrar a Edward y todo lo que habían vivido. "El amor te hace un mentiroso…", dijo un eco de su conciencia. No, eso no es amor. Se levantó y no se percató que había empezado a temblar. Jacob la seguía de cerca, intentando persuadirla. Él no había reparado en la pareja de afuera, y era lo mejor. "Si pensaba enterrar un cadáver, no quería testigos…".

"Amar duele…" pensó sonriendo, aunque solo quería llorar…



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