MERIBEL I

"Acepta que algunas veces en la vida serás el pichón,
Y otras veces te tocará ser la estatua".



Bella POV

Corría desesperada, con la angustiosa sensación de estar siendo observada. El aire helado y cortante, me calaba hasta los huesos, entumeciéndome los músculos a su paso. Los pinos, altos e imponentes se alzaban uno junto a otro, imposibilitando el ingreso de la luz a través de sus ramas. La nieve, cual manto blancuzco, cubría todo a mi alrededor, haciendo ver el paisaje, más irreal aún. "¿Dónde estoy?".

Todo a mí alrededor comenzó a girar, el antes extraño paisaje, ahora no era más que una serie de manchas y borrones difusos. "¡Para! ¡Por favor para!" grité a la nada, cerrando los ojos desesperada mientras me sostenía la cabeza confundida y mareada. Me sentía en una ruleta rusa, yo estaba apostando todo sin esperar nada a cambio, pero como todo juego, cruel e inseguro, no sabía qué me depararía mí suerte.

Quería que parara, quería volver a casa, quería estar con Edward… "Edward, ¿dónde estas?" grité derramando algunas lágrimas. Poco a poco fui sintiendo como la velocidad disminuía, me pregunté si sería seguro abrir los ojos, pero no quería hacerlo, tenía miedo de los cambios.

Algo suave y helado me cayó en la cara sobresaltándome para cuando todo dejó de girar, poco a poco se fue escurriendo por mi rostro hasta convertirse en agua en mis manos. Abrí los ojos maravillada, los restos de un copo de nieve reposaban en mi mano, curiosa alcé la vista para ver de dónde había caído ya que el cielo estaba despejado y me di cuenta que estaba en un lugar diferente y a la vez tan parecido al anterior. Todos los grandes pinos y montículos de nieve, eran parecidos entre sí pero había un árbol tan diferente al resto y a la vez tan familiar para mí, que sentí un gran alivio al reconocerlo. "Atlas" grité corriendo hacia el viejo roble que se encontraba a unos pasos de mí. Sonreí con nostalgia al llegar a sus raíces y valerme de éstas para acercarme a su gran tronco. Ansiosa pasé mis yemas por su arrugada corteza, maravillada por el fresco recuerdo de los momentos vividos en éste árbol, todos junto al amor de mi vida, todos junto a mi Edward.

Sonreí a pesar de las gruesas lágrimas que rodaban por mis mejillas, ahí grabado, estaba la prueba de una promesa silenciosa nunca antes hecha. Nuestros nombres yacían tallados en madera, juntos desde hace mucho, y para siempre ahora en mi alma.

"Edward" sonreí con nostalgia, cuando mis pensamientos fueron interrumpidos por un estruendoso crujido que resonó por todo el lugar. Asustada, pegué mi cuerpo a Atlas mientras que con la mirada buscaba el origen de dicho sonido. Otro crujido, pero estaba vez mucho más fuerte estremeció el suelo y los árboles a mi alrededor, cuando lo sentí pasar…

Fui retrocediendo, incrédula ante lo que mis ojos me mostraban. Una pequeña abertura se había abierto paso en donde momentos antes había estado posada mi mano. Otro temblor, y un tajo profundo se abrió paso en Atlas. "¡No, por favor!" rogué pero fue en vano. Una a una fueron apareciendo más grietas en Atlas, destruyéndolo, partiéndolo, trayéndolo a bajo junto con todos mis recuerdos.

Caí de rodillas al suelo helado, las lágrimas me imposibilitaban ver más haya de donde estaba tirada, sólo sentía dolor e impotencia… hasta que todo acabó.

Esto era una pesadilla, me sentía asfixiada a pesar de estar al aire libre. Tenía astilladas las manos pero era más grande el dolor de ver mis recuerdos venirse a bajo que el resto no me importó. "Ya deténganse" supliqué ovillándome en el suelo para cuando todo se volvió oscuro.

"Bella" escuché a lo lejos que me llamaban pero no quise abrir los ojos. "Bella" volvieron a repetir mi nombre con más insistencia.

Con pereza fui abriendo los ojos esperando recibir otra estocada de dolor al ver a Atlas destruido, pero no había nada. Ya no estaba en las montañas, éste lugar… éste lugar era tan conocido para mi… Estaba en la casa de los Cullen pero todo estaba diferente, los muebles habían desaparecido, la sala, el comedor, toda la primera planta estaba vacía a excepción de un pequeño escenario ubicado en una de las esquinas más alejadas, y ahí estaba él, tan bello y deslumbrante como siempre. "Edward" dije corriendo hacia él, sintiendo que con cada paso que daba el dolor iba desapareciendo. "Bella" dijo otra voz a mis espaldas con un dejo de tristeza haciendo que parara en medio del camino. Confundida le pregunté a Ed con la mirada, pero él sólo se limitó a negar mirando a alguien atrás de mi. "Bella" escuché que me volvió a llamar. Giré asustada, y ahí, al otro extremo de la sala estaba Jacob, tendiéndome una mano. "Tienes que elegir" sentenciaron ambos a la vez. "Así que de eso se trata todo", dije mirando al suelo. ¿Cómo elegir a uno, sin lastimas al otro? Había llegado la hora, lo sabía, tanto mi corazón como mi alma gritaban un solo nombre. Pero mi razón y mi conciencia me hacían sentir culpable… "Bella" dijo Jacob con los ojos llorosos extendiendo sus brazos hacia mí. "Por favor" rogó, y el corazón se me estrujó de pena por lo que iba a hacer.

"Lo siento" murmuré dando un paso hacia atrás. Despidiéndome del que un día fue un gran amigo, y luego mi novio. "Lo siento Jacob" volví a repetir con el corazón en la mano, girándome a entregárselo a su dueño… pero él ya no estaba.

"¡No! ¡Edward! ¡No!" Grité dolida, corriendo hacia donde había estado parado pero sin avanzar nada…

"¡Bella!" escuche una voz desesperada llamándome desde lo lejos… "¡Bella!" volví a escuchar antes de sentir cómo mi cuerpo comenzó sacudirse antes de caer en un profundo pozo del cual no saldría… nunca…



Desperté exaltada con gruesas lágrimas recorriendo mi rostro mientras una aterciopelada voz trataba de calmarme.

-Ya paso amor, sólo fue un mal sueño – repetía Ed pegándome a su pecho, pero todavía tenía la sensación de pérdida que había experimentado.

-Oh, Edward – gemí en sus brazos, no pudiendo contener las lágrimas que amenazaban con deshidratarme cada vez más - ¡Eres tú! – exclamé tumbándolo en la cama mientras repartía besos desesperados por toda su cara - ¡Estas aquí! – dije más contenta.

-¿Y en dónde más podría estar Swan? – preguntó rodando conmigo sobre las sábanas – no concibo estar en un lugar en el que tú no estés – dijo sobre mí, acercando su rostro para besarme.

-Te amo – susurré antes de besarlo, pero fue un beso extraño, amargo, lleno de miedos e inseguridades.  "¡Maldito sueño!" Pensé molesta cuando lo sentí levantarse para mirarme mejor.

-¿Qué ocurre Bella? – preguntó apoyando su frente sobre la mía.

-Lo siento – murmuré- es sólo… es sólo que tengo miedo que vayas a desaparecer de la noche a la mañana… - susurré.

-Tonta Bella – suspiró dándome un beso en la nariz – eso nunca pasará amor. Permaneceré a tu lado todo el tiempo que tú lo quieras así… y la verdad, espero que sea para siempre – dijo mientras una extraña sonrisa se extendía por su rostro.

-Para siempre – repetí ya más tranquila.

-Para siempre – corroboró el, antes de juntar sus labios con los míos en un beso cargado de sentimientos y promesas.

Poco a poco la intensidad de éstos fueron subiendo de tono, y las manos de Edward comenzaron a pasear por mi aún desnudo cuerpo. Gemí en sus labios cuando lo sentí masajear uno de mis senos mientras empezaba un recorrido de besos por mi cuello y hombros, antes de morderlos sensualmente.

-¡Edward! – gemí cuando sentí sus manos asaltaron mi centro.

-¿Si amor? – preguntó- ¿quieres que pare? – dijo inocentemente, pero sin dejar de hacer su magia en mí.

-¡Sí!… ¡No!

-¿Si o no Swan? – gruñó en mi oído, restregando su enorme miembro en mi muslo interno, logrando que me humedeciera mucho más.

-¡Si te detienes, te mato Cullen! - lo amenacé, atrayéndolo hacia mí para besarlo.

-Eso quería escuchar – dijo, dejando que mi lengua repasara su labio inferior antes de atraparlo entre mis dientes. Sus ojos se dilataron de placer, y su excitación se disparó cuando aumenté la presión de éstos, y el sabor metálico de su sangre se mezcló en nuestros labios.

-Sabes delicioso Cullen – sonreí limpiando con mi lengua los vestigios de sangre de su hinchado labio.

-Traviesa – sonrió torcidamente, con los ojos oscuros de tanto placer. Sin darme oportunidad a reaccionar se levantó un poco sobre mí, alzando mis piernas hasta colocarlas sobre sus hombros.

-¿Qué?...

-Solo disfruta cielo… - me acalló con una sonrisa ladina cuando un gemido de anticipación se escapó de mis labios al sentirlo frotarse en mi entrada.

-¡Edward! – chillé extasiada cuando me penetró largo, duro y caliente mientras un gruñido gutural escapaba de sus labios por lo placentero de esa posición.

"¡Maldición! ¡Nunca lo había sentido tan adentro!" pensé enloquecida.

-¿Lista Swan? – gruñó sensualmente, colocando ambas manos a los lados de mi cuerpo para sostenerse.

-¡Santa Mierda! – me limité a gritar cuando lo sentí traspasarme por completo mientras sus embestidas se hacían cada vez más brutales.



3 horas después…

-Amor, despierta – decía, depositando suaves caricias por mi adolorido cuerpo…

-No quiero – gruñí dándole la espalda, aún desnuda.

-Bella, si te pones así no respondo… - rió divertido tratando de quitarme las sábanas con las que intentaba cubrirme.

-¿Qué hora es? – mascullé aún en el séptimo cielo.

-Son las 6… -dijo despacito.

-¡Las 6! –exclamé sobresaltada, colocándome lo primero que encontré en la cabecera de la cama.

-Hey, esas son mías… - sonrió Edward, señalando los bóxer que me acababa de poner – aunque a ti se te ve mejor… - murmuró sensualmente.

-¡Cállate Cullen! – mascullé malhumorada – Por tu culpa no he dormido NADA en toda la noche – dije apuntando a Edwarcito con un dedo.

-Ayer no te quejaste de eso – dijo siguiendo la dirección de mi dedo, antes de avanzar hacia mí, acechando cual león a su presa.

-¡Detente ahí Cullen! – chillé retrocediendo en la cama.

-Swan, yo no estoy haciéndote nada… aún – dijo, antes de acorralarme en la cabecera de la cama.

-Eres… eres insaciable… - gemí a escasos centímetros de sus labios.

-La culpa es tuya Swan – masculló rozándolos – soy adicto a ti – sentenció antes de atacar ferozmente mi boca, y yo capturara a un muy tieso Edwarcito entre mis manos.

-¡MÁS LES VALE ESTAR PRESENTABLES, PORQUE VAMOS A ENTRAR AHORA MISMO! – gritó Alice desde el otro lado de la puerta.

-¡Oh, no! – sólo pude exclamar cuado vi ingresar a mis dos mejores e inoportunas amigas por la puerta de mi habitación.

Y ahí estábamos los cuatro: Alice con las manos en las caderas, moviendo su piecito frenéticamente, mientras una tonta sonrisa escapaba de sus labios; Rose, sosteniéndose de la puerta, mientras que con una mano temblorosa sacaba fotos a una velocidad increíble y de todos los ángulos posibles; Edward, tanteando las sábanas a nuestro lado, en un intento de cubrirnos mientras les lanzaba furiosas miradas a las chicas; y yo, inmóvil bajo el cuerpo de un Edward desnudo, sosteniendo a un muy feliz y despierto Edwarcito.

-¡Par de caníbales! – dijo Rose señalando el labio de Edward.

"¿Qué?" pensé confundida, para cuando me percaté que labio de Edward tenía muy mal aspecto. "¡Mierda!"

-¡Largo! – gritó Edward furioso - ¡Ustedes dos! ¡A fuera! – dijo girando conmigo para cubrirnos con las sábanas.

-¿Las tienes? – preguntó Alice mirando a Rose, mientras sólo se limitaba a asentir – esta bien – se giró a mirarnos – ¡tienen 5 minutos para estar presentables! – dijo esquivando la almohada que le lancé, dirigiéndose a la puerta – contando desde ahora.

-Yo que ustedes me apresuraría – sonrió la perversa rubia – es capaz de echarte desnudo a la calle Edward.

-Rose – dijo éste sosteniéndose el puente de la nariz – ¡a fuera!

-Ya sé, ya sé – dijo cerrando la puerta tras de sí.



-¡Alice! – exclamé furiosa entrando a zancadas a la cocina, para encontrar a una muy divertida duende y una atareada Rose al teléfono - ¿¡ustedes no saben tocar…!

-Shushhh – bisbiseo, indicándome que me sentara frente a ella.

-No Emmet, ¡te he dicho que no vamos a llevarlo!...

-Alice – murmuré sentándome frente a ella, pero me volvió a callar y señaló a Rose para que prestara atención.

-Está empecinado en llevar a Pepón al viaje – comentó bajito, mientras yo rodaba los ojos.

-Terminará haciéndolo – resoplé, dándole a entender a Rose que era una batalla perdida.

-Lo sé, pero es divertido verla intentándolo – dijo tendiéndome un plato de frutas recién picadas.

-Estoy donde Bella… no Emmet, no es necesario que vengas – silencio – sólo vamos a ayudarla con las maletas – resopló - ¿Edward? ¿Qué tiene? – dijo poniéndose ceñuda para cuando yo me atoré – no, no sé… cuando lo vea le digo – contestó, mientras yo negaba frenéticamente – vale, te amo – dijo para colgar.

-¿No le has dicho aún? – preguntó exasperada sentándose a mi lado.

-No esta al tanto de… TODO – mascullé tragando un trozo de fresa.

-¿Y esperas una carta de invitación o qué? – volvió a atacar Rose.

-No es fácil Rose – resoplé cansada - ¿para qué quería hablar con Edward? – cambié el tema.

-Mencionó algo de una llamada y un plan para que el perro no vaya al viaje – dijo restándole importancia.

-Jacob irá – suspiré rendida.

-¿Y Tanya? – preguntó Alice.

-Ed aún no encuentra el momento para hablar con ella… - aparté el plato de mi lado, habiendo perdido el apetito.

-Esta evadiendo el tema – dijo Alice volviendo a empujar el plato hacia mí.

-No me agrada – agregó Rose, mirándome amenazando cuando traté de apartar el plato de nuevo – come Bella – ordenó ceñuda.

-¿Y Edward? – preguntó el pequeño demonio ausente.

-En... wa… gucha – dije con la boca llena.

-Aggg… - dijo Rose aventándome un estropajo a la cara.

-En la ducha – respondí riendo a más no poder – espera… ¿¡a dónde vas! – dije corriendo tras Alice, que había salido disparada hacia mi habitación.

-A apurarlo – respondió evadiéndome – Jacob esta por llegar…

-Pero es temprano pa… - no terminé la frase para cuando el timbre comenzó a sonar.

-Te lo dije – dijo el pequeño demonio.

-Bruja – mascullé entre dientes, y el timbre siguió sonando sin que ninguna hiciera el esfuerzo de ir a atender la puerta.

-Talvez… si no contestamos se vaya – dijo Rose mirándose las uñas.

-¿Qué ocurre? ¿Por qué no van a ver quién es? – preguntó Ed saliendo del cuarto de invitados.

Mi corazón se salto un latido y mi pulso se disparó cuando Edward salió meciéndose el cabello recién lavado, mientras pequeñas gotas resbalaban por su perfecto y terso rostro. Se acercó a mí y me rodeó con sus brazos mientras plantaba un suave beso en mis labios…

-Respira Bella – susurro en mi oído.

-Idiota – murmuré de los mil colores y el comenzó a sonreír.

-Basta tortolitos, será mejor que se comporten – pidió Alice – Rose, tú ve a atender a Jacob, pero aún no lo dejes pasar.

-Jacob – gruñó Edward.

-¿Por qué yo? – contraatacó la otra.

-Bella, recoge todo el reguero de ropa que has dejado tirado por ahí, y no te olvides los que están tirados detrás del mueble…

-Si jefa… - dije yo.

-¿Edward? – el aludido la miro ceñudo, anticipándose a sus órdenes – escóndete.

-No es la primera vez que me quedo a dormir en la casa de Bella – refutó éste.

-Eso explica la ropa nueva – dijo Rose que no seguía reacia a ir a atender al chucho.

-No me importa, mientras Bella no acabe con el chucho, será mejor que guarden distancia – dijo Alice cansada del timbre de la puerta - ¡Ya va! – gritó – Rose, por favor…

Tuve que separarme de Edward a regañadientes para ir a recoger el desastre que había dejado botado por todos lados, mientras el se iba a zancadas a su habitación.

-Ya va – escuché que gritaba Rose desde el pasillo.

-Rubia – "esa era la voz de Jacob" pensé recogiendo la blusa que estaba tirada detrás del mueble. "Algunas veces es aterrorizante que Alice adivine todo"

-¿Qué quieres chucho? – la escuché mascullar.

-¿Ver a mi novia? – sugirió él.

-¡No está! – escuché que exclamó, seguido del golpe de la puerta al cerrarse con fuerza.

-¡Bells! – escuché gritar a Jacob.

-Ve Bella – dijo Alice apareciendo de la nada para juntar mi ropa con el resto de prendas que había recogido de mi habitación.

-Gracias Alie – dije corriendo a la puerta.



-Rose – la llamé.

-Te he dicho que no me interesa chucho – dijo mi amiga roja de la cólera.

-A ver rubia, quiero entender cómo funcionan tus…

-Ni te atrevas…

-Neuronas – prosiguió – no es que esté muy interesado en ti, pero sucesos como éste no se dan dos veces en la vida.

-¡Vas a morir perro! – exclamó Rose tirando le la puerta furiosa.

-Una rubia con carácter es difícil de encontrar – dijo retrocediendo al ver que ya no existía una puerta que lo protegiera.

-Y un chucho con cerebro mucho más – dijo avanzando hacia él - ¿Qué pasó? ¿La operación te...?

-¡Basta los dos! – grité cansada al ver que aún no se habían percatado de mi presencia al estar enfrascados en su disputa. Ambos, tan cerca uno del otro retándose con la mirada… "¿cómo era posible que se odiaran tanto?"

-Jacob, discúlpate – pedí. El aludido seguía con la boca abierta por lo dicho por Rose, se giró a verme todo pálido mientras una triunfante Rose reía a su lado.

-Bella – dijo sosteniéndome la mirada.

-Vamos Jake, sólo discúlpate, ¿OK?

-Lo siento – dijo. Todo rastro del humor que lo caracterizaba había desaparecido de su rostro, lo conocía demasiado como para saber que algo lo había fastidiado, y no precisamente el disculparse…

"Quiero hablar contigo" recordé que había dicho… "No seas paranoica" traté de calmarme buscando en sus ojos alguna muestra de que todo había sido parte de mi imaginación.

-¡Bella! – gritó Alice sobresaltándonos a todos - ¿dónde esta el conjunto azul? – preguntó sosteniendo en sus manos un conjunto de encaje negro. Mis mejillas se tiñeron de rojo cuando recordé a dónde había ido a para ESE conjunto ayer en la noche.

-¿Lencería nueva? – preguntó Jake viéndome de manera sugerente, logrando que los colores de mi rostro aumentaran un par de tonalidades más.

-¡Jake! – exclamó Alice… ¿contenta?

-¡Alice! – dijo el aludido fingiendo estar tan emocionado como ella.

-Espera aquí – ordenó el pequeño demonio volviéndose a meter en el pent-house.

-¿Qué fue eso? – preguntó a la nada, tan confundido como yo para cuando escuchamos cosas en movimiento dentro de la estancia.

-Alie, ¿necesitas ayuda? – gritó Rose.

-No, ya voy – dijo volviendo a salir cargando una pila de cajas que por poco y la cubrían por completo. Jacob se apresuró a tomarlas de sus manos para colocarlas al lado de la puerta.

-Muy bien. Ésta es la dirección de mi boutique, Emily esta esperando por ellas así que apúrate.

-¿Cómo?

-No le dan las neuronas – dijo Rose burlonamente.

-¿De dónde salió todo eso? – pregunté yo viendo horrorizada la pila de cajas.

-Algunas las traje ayer, y otras hoy. Pero no todas son necesarias – dijo respondiendo a mi pregunta antes de girarse a Jake – asegúrate de que te entregue mi encargo – dijo contenta – y más te vale que no le pase nada – le advirtió cambiando a un tono de amenaza.

-¿Qué? – volvió a preguntar sorprendido.

-Vamos, no tenemos tiempo – dijo jalándome dentro del departamento, seguida de Rose antes de cerrarle la puerta a un anonadado Jacob.

-Alice, no puedes hacerle eso… - me queje molesta.

-Tienes razón – dijo volviendo a abrir la puerta para encontrar a Jacob recogiendo las cajas – ¡Jacob! – volvió a sobresaltarlo – ya que vas a estar por ahí, ¿puedes traernos algo para tomar?

-¡Alice! – exclamé indignada.

-A sí, a Bella tráele un Caramel Macchiato porque sino se pone furiosa. Yo quiero un Mocca Frappuccino y Rose…

-¡Yo no quiero nada, gracias! – gritó la rubia perdiéndose por un pasillo.

-Bien, será mejor que te apures, a las 10 tenemos que estar donde Esme – dijo empujándolo hasta las puertas del ascensor.



Si no conociera a Alice un comportamiento como aquel me hubiera molestado en sobremanera. Pero era de Alice Brandon, la pequeña dictadora, adicta a la moda, con complejo de vidente, de quien estábamos hablando…

-¿Qué fue eso Alice? – dije siguiéndola ceñuda a mi habitación.

-¿Eso? – preguntó entrando en esta seguida de una feliz Rose, mi mal humor y yo – eso era tu novio siendo útil para algo…

Pero ya no preste atención, mi cuerpo se había paralizado por el pánico… "¡Oh Dios mio!" pensé alarmada al ver en lo que se había convertido mi habitación. Dos maletas enormes reposaban sobre mi cama, mientras que otras dos descansaban abiertas en el suelo. Una enorme pila de ropa se alzaba en la cabecera de mi cama, mientras decenas de zapatos estaban regados por el suelo.

-¡Alice! – grité horrorizada.

-Bella, deja de renegar, que te van a salir arrugas – bufé sentándome en el poco espacio libre que habían dejado en el suelo – Rose, encárgate de esas dos – señaló las dos maletas que reposaban junto a una pila de zapatos, antes de zambullirse en el mar de ropa.

-¿Alice, sigues viva? – pregunté divertida al ver que su diminuta figura había desaparecido en esa montaña de cosas.

-¡Casi me olvido! – exclamó asomando la cabeza por un lado – ¡Edward ven! – gritó a voz en cuello.

-¿Qué pasó? – entró preocupada a mi habitación al verme tirada en el suelo - ¿estás bien amor? – preguntó con la preocupación teñida en su rostro, para cuando yo rodé los ojos y señalé a Alice – ¿Si Alice? – la miro confundido.

-¡Chau! – respondió ella contenta.

-¿¡Ah! – dijimos los dos a la vez, mientras Rose reía tras de nosotros.

-Adiós, Bye, Aufwiedersehn, Au revoir… - empezó a enumerar el pequeño demonio - ¿En cuántos idiomas quieres que te lo diga? – preguntó rodando los ojos.

-Pero yo no quiero irme – dijo él haciendo un puchero adorable – Bella – me abrazó con todas sus fuerzas para cuando Alice comenzó a forcejear con él.

-No-me-im-por-ta – deletreó ella arrancándome de sus brazos – ahora shu, shu, déjanos trabajar tranquilas – dijo sacándolo del cuarto.

-Por lo menos déjame despedirme de ella – dijo él poniendo su pie para que no le cerrara la puerta en la cara.

-¡NO! – gritó el pequeño demonio antes de expulsarlo por completo del recinto.
-Eres perversa – murmuré al verla regresar contenta.



2 horas después…

-Ya voy – dijo poniéndome el sweater azul que Alice me había obligado a llevar.

-¡Amor! – exclamó Jacob contento, sosteniendo miles de bolsas.

-¿Más? – gemí frustrada.

-¿Me ayudas? – preguntó balanceando peligrosamente los vasos de café.

-Claro – sonreí divertida tomándolos de sus manos.

-Gracias – dijo cerrando la puerta – tuve que esperar por horas para que abrieran el Starbucks que queda en la esquina – comentó siguiéndome a mi habitación.

-Ajam… - asentí sorbiendo mi bebida… "Que delicia" pensé ya más animada "No hay nada como la combinación del expreso, con leche cremosa y una cubierta de dulce" suspiré…

-Y esa tal Emily, qué muchacha para más despistada – siguió farfullando mientras yo asentía a todo lo que decía – creo que esta loca Bells, le ha afectado pasar mucho tiempo con Alice…

-¿Emily? – pregunté un poco más interesada. "Emily era algo alocada, pero… ¿despistada?...definitivamente esa no era una de sus características" pensé para mí.

-Si – dijo con el ceño fruncido – me tuvo esperando por horas, y para cuando me trajo las cajas, me las quitó al rato, alegando que esas no eran.

-¿Así? – pregunté atorándome con la bebida, al percatarme de la mano negra de Alie metido en eso.

-Vamos Bells, tómatelo con calma – dijo sobándome la espalda - ¿mejor? – preguntó para cuando pude respirar bien – muy bien amor – dijo depositando un beso en mi frente.

Un silencio incómodo se depositó en medio de ambos. Era la primera vez que me sentí fuera de lugar junto a Jacob y en parte sabía que era el sentimiento de culpa. "Vamos, díselo" me animó mi conciencia.

-Jacob – susurré, pero no me llegó a escuchar porque estaba mirando las maletas que reposaban en el suelo.

-¿5 maletas? – preguntó asombrado – pensé que sólo nos iríamos por una semana…

-Bueno – dije encogiéndome de hombros – es Alice…

-Si… Alice… hablando de ella, ¿en dónde está? – dijo señalando el vaso de frappuccino que descansaba sobre mi cómoda.

-Se fue – dije, para cuando lo escuché murmurar cosas ininteligibles mientras miraba ceñudo la pila de bolsas que había traído y ahora reposaban en una esquina – para ser endemoniadamente pequeña, a veces resulta tremendamente irritante… - dijo sobándose las sienes.

-Lo sé – agregué yo – Edward dice lo mismo – pude ver cómo se tensó a la sola mención de su nombre.

-¿Nos vamos? – dijo cambiando de tema. "No, quiero hablar contigo Jacob. Yo… yo amo a Edward" pensé, pero fui demasiado cobarde como para expresarlo con palabras.

-Vamos – logré musitar.



-¡Familia! – saludé entrando junto a Jacob a la gran mansión de los Cullen.

-¡Belli-Bells! – gritó tío Andrew ataviado en un equipo de ski color verde.

"Ok, esto esta de más" pensé alarmada, viéndolo arrastrarse con dificultad por la sala, con ayuda de las fijaciones de randonee.

-¡Andrew! ¡Estas arañando el suelo con esa cosa! – gritó tía Leanne desde la cocina.

-Carlisle – me fui a saludar al que tenía más cerca.

Uno a uno fueron llegando los miembros de la familia. Como esperaba, Rosalie había tenido problemas con Emmet a la hora de decidir si Pepón se quedaba o no. Y como lo anticipé, un contento Emmet yacía conversando con Carlisle mientras sostenía bajo el brazo la pecera de Pepón. Jásper por un lado estaba azorado por la cantidad de bufandas que Esme lo estaba obligando a usar. Bueno, a todos nos había estado insistiendo en que nos abrigáramos, y como Jásper era uno de los muchos que no le podían negar nada a Esme, ahora estaba pagando las consecuencias.

Rose y Leanne se encontraban en la cocina preparando algunos bocadillos para picar hasta que llegaran Edward y Tanya. Mientras Alice y Reneé estaban viendo los últimos arreglos antes de partir. Charlie por su lado, se encontraba mirando un partido de futball, mientras a su lado tío Andrew luchaba para sacarse el equipo de ski.

-¿Estás bien? estas muy callada… - comentó Jacob sorbiendo un poco del chocolate caliente que le había dado Esme.

-No es nada – traté de sonreír mientras pasaba un dedo en medio de sus cejas, tratando de relajar su ceño fruncido.



Edward POV

-¿¡En dónde has estado!

Y ahí estaba ella. Cerré la puerta de mi departamento, tratando de retrasar lo que sería una de las conversaciones más largas de todas.

Como hombre, normalmente huía del drama, valiéndome de excusas y mentiras para salir del paso, y si eso no funcionaba, Bella siempre estaba ahí, para sacarme de los embrollos en los que me veía envuelto… "He sido un maldito imbécil durante mucho tiempo" pensé acercándome a donde estaba Tanya dándome la espalda.

Era una mujer hermosa, no lo podía negar. Pero había un problema, ella no era Bella, y ese solo hecho la hacía imperfecta. Sonreí como un estúpido al recordar ese primer beso con el que todo cambió… "El besarla fue ponerle fin a la vida como la conocía" pensé maravillado.

-Ya deja de sonreír que no le veo la gracia – dijo furiosa acercándose a mí.

- Lo siento – mascullé, hundiéndome en el mueble más cercano.

-¿Eso es lo único que piensas decir? Llevo esperándote por horas Edward. Y tú ni te has aparecido para dormir… ¿sabes lo preocupada que he estado toda la noche?... llamé a tu madre y no sabía donde andabas. ¡Hablé con el tonto de tu amigo y me dijo que no conocía a ningún Edward!... ¡he estado preocupada durante horas y tú no has podido hacer ni una sola jodida llamada!… - comenzó a vociferar dando vueltas por toda la sala.

-Para Tanya por favor – dije estrujándome las meninges en busca de las palabras correctas para acabar con todo este drama.

-¿Qué pare? ¡Oh, claro cariño! ¡Cómo no! – dijo irónica- soy tu novia Edward Cullen, ¿lo recuerdas, verdad?. Lo único que te exijo es respeto hacia mí, sin embargo, desde que regresamos a NY tú has cambiado tanto, me has relegado a un segundo plano, y ahora dime… ¿Me pides que pare? ¿Acaso no te gusta escuchar la verdad? – dijo acortando la distancia que nos separaba.

-Lo siento – murmuré arrepentido – de verdad lo siento Tanya. No debí dejar que las cosas llegaran a este punto.

Tanya se sentó a mi lado y giró mi cara para que la mirara. Tenía el ceño fruncido, la furia que momentos atrás había dominado sus acciones ahora estaba siendo reemplazada por la confusión.

-Tú… qué… ¿Qué quieres decir? – susurró.

-Debemos terminar – "bueno, decirlo no fue tan difícil, ahora venía el verdadero problema"…

-¡No! – gritó soltándose de mí con brusquedad – no me pues hacer esto… no a mi Edward Cullen… tu y yo somos perfectos juntos… - dijo dando vueltas por la sala cual león enjaulado – no, no puedes terminar conmigo – comenzó a murmura para sí, sosteniéndose la cabeza desesperada.

-Perdóname por favor – dije sosteniéndola por los hombros para que dejase de moverse – no quiero hacerte más daño del que ya te estoy haciendo.

-Entonces no me dejes – pidió sollozando en mis brazos.

-No puedo – dije acariciando su melena rubia.

-¿Es qué acaso ya no me amas? – dijo buscando una respuesta en mis ojos.

Silencio…

-Contéstame Edward – pidió golpeándome el pecho mientras gruesas lágrimas escapaban de sus ojos, pero no la detuve, dejé que descargara su ira en mi cuerpo, me lo merecía.

-Lo siento…

-¿Es por Bella, verdad? – dijo retrocediendo poco a poco – es por esa mujercita por la que me estas dejando – me quedé helado, "¿cómo era posible que ella supiera?"

-Me dejas por esa mujerzue…

-¡Basta Tanya! No voy a permitir que hables así de mi Bella…

Un silencio abismal se abrió paso en el espacio que nos separaba. Silenciosas lágrimas comenzaron a correr por su rostro mientras el fuego que había estado llameando en sus ojos se fue extinguiendo hasta dejar una oscura y fría nada.

En silencio se agachó a recoger sus cosas que reposaban sobre el mueble para cuando la vi tambalearse.

-¡Tanya! – exclamé corriendo a sostenerla antes de que se estampara contra el frío suelo.

-Estoy bien – dijo empujándome para que la soltara – suéltame – pidió y así lo hice. Volvió a tomar sus cosas y con paso vacilante se comenzó a dirigir a la puerta donde se detuvo de espaldas a mí.

-Las cosas nunca debieron de terminar así – murmuró – quiero creer que esto no es más que un pequeño capricho tuyo Edward…

-Yo la amo… - le aseguré. No quería que creyera que esto era un juego más para mí. La escuché bufar y vi cómo apretaba los puños aún de espaldas a mí.

-No, tú estás confundido… - aseveró.

-Tanya – suspiré cansado.

-Pero no importa amor. Yo esperaré a que regreses, y no te recriminaré nada, porque yo si te amo…

-No regresaré Tanya – otro suspiro – esto se acabó.

-Volverás a mí. Y haremos como que esta conversación nunca pasó.

No esperó una respuesta de mi parte y se perdió por la puerta. "Esta ha sido la ruptura más rara que he tenido" pensé asombrado "Porque… rompimos… ¿Verdad?"

Solté un suspiro de alivio, las cosas por fin se estaban solucionando y era cuestión de tiempo para que Bella pueda ser oficialmente mía.



Bella POV

"Un desastre…
Sí, definitivamente este viaje ya comenzaba a pintar mal".

Ya estábamos llegando al aeropuerto y Edward no daba señales de vida. Había llamado hace unos minutos diciendo que demoraría un poco en llegar, pero que nos daría el alcance en el aeropuerto y aún así no podía estar tranquila…

"¿Y si algo le paso?…
¿Y si Tanya ya se enteró?…
¿Y si el decidió continuar con ella?"

¡Maldición! Debía dejar de pensar tonterías. Ed nunca me dejaría por Tanya, eso era imposible. Ensimismada me deje llevar por Jacob al avión privado de los Cullen, mientras Charlie lo taladraba con la mirada y Emmet se negaba a soltar la pecera de Pepón a pesar de las réplicas de Rose.

Todos ya estábamos acomodados en los lujosos asientos cuando escuchamos la voz del capitán informándonos de las formalidades del viaje antes de partir…

-Esperen, falta Edward – exclamé ansiosa logrando que Jacob se tensara a mi lado.

-Que se vaya caminando – murmuró Jake, ganándose un coscorrón de mi parte.

-Te oí – le dije molesta.

-Pégale más duro hija – dijo Charlie sentado a unos asientos del mío.

-¿Alice?… - pregunté a mi amiga que llevaba marcándole desde hace unos minutos.

-Calma Bella - dijo la aludida de lo más tranquila pidiendo que todos guardaran silencio - ¡DONDE DIABLOS TE HAS METIDO EDWARD CULLEN! ¿CREES QUE TENGO TODO EL MALDITO DÍA PARA ESPERARTE?… - comenzó a gritar como desquiciada. "Ok, eso fue innecesario" pensé asustada.

-Me quieres dejar sordo, ¿verdad? – preguntó una aterciopelada voz desde la puerta del avión.

-¡Edward! – exclamé feliz levantándome de mi asiento, ansiosa por correr a sus brazos, pero deteniéndome en el acto al ver que todos me miraban curiosos – este… - dije colorada – ¿y Tanya? - pregunté volviéndome a sentar avergonzada.

-Uhmmm… no vendrá al viaje… - dijo él cohibido ya que tenía la atención de toda la familia – terminamos… - dijo buscando mi mirada mientras una sonrisa torcida se extendía por su rostro.

-¡Edward Cullen! – gritó Esme sobresaltándonos a todos- ¿¡En vísperas de Navidad! –preguntó indignada – Oh no, muchachito – dijo jalándolo de la oreja – tu y yo vamos a tener una larga conversación de cómo tratar a las damas….

-Papá… - se quejo Ed.

-Carlisle, apóyame… -dijo Esme molesta.

-Tu mama tiene razón Edward – dijo Carlisle tragando en seco.



Bien, 6 horas de viaje y ya habían aumentado los problemas. No sé cómo haríamos para sobrevivir a la larga semana que nos deparaba este dichoso viaje, pero algo tendríamos que hacer las chicas y yo…

-Nadie pidió tu opinión chucho – masculló Edward.

-Conozco esas montañas mejor que tú – gruñó Jacob.

Estábamos en la sala de descanso del avión, y los hombres se habían puesto a hablar acerca de las competencias de ski que se daban por estas fechas en Meribel, pasando luego a planear una posible excursión a las montañas que rodeaban el chalet que Esme, Leanne y mi madre habían comprado. Sí, como escucharon, compraron. El trío de exageradas no sólo se habían conformado con eso, sino que contrataron personal, remodelaron habitaciones y planearon todo el itinerario para el viaje… "Lo tenían pensado desde hace mucho" pensé atemorizada.

-Este es el mejor camino – zanjó Edward señalando un punto en el mapa.

-No Cullen – dijo mi novio volteando el plano – lo mejor es subir con el teleférico o usar los snowmobiles para llegar a la cima y luego descender por la derecha, ahí estás las mejores rampas…

-Para qué quieren ir a las montañas si tienen la pista de Georges Mauduit a tan solo unos pasos. El chalet tiene la mejor posición del valle – dijo Alice señalando su ubicación – además…

-¡Alice, no te metas! – dijeron ambos a la vez retándose con la mirada.

-Charliee… - dijo ella haciendo un puchero. El aludido gruñó y se acercó amenazante ha ambos.

-Bueno… - suspiró Emmet deteniéndolo a medio camino- sólo hay una manera de arreglar esto… ¡CON UNA PELEA! – gritó contento.



Sólo faltaba un par de horas para llegar y estos imbéciles no acaban con su dichosa pelea…

-Bien hijo, hazme sentir orgulloso – alentaba mi papá a Edward.

-¡Agáchate!, ¡agáchate! – le gritaba Andrew a Jacob para que esquivara el izquierdazo que le estaba dando Edward.

-Eso es – gritaba Emmet cuando Edward acorraló a Jacob en una esquina – ¡nockéalo!…. ¡nockéalo!… - gritaba el otro saltando desesperado.

-Dame eso aquí – dijo Andrew quitándole el mando a Jacob, para ponerse a pelear contra Edward. "Sí, estaban jugando con el Wii, y sí, habían hecho sus apuestas" – vamos Eddie, dame tu mejor golpe – decía Andrew abalanzándose sobre Edward.

-Nooooo… - gritaron ambos a la vez cuando Leanne apagó el dichoso aparato.

-Se acabó – dijo ella seria – todos a sus asientos… ¡ahora!

-Pero Leanne – dijo Andrew haciendo un puchero.

-Camina – se limitó a decir ella seguida de Reneé y Esme.

-Si amor – dijo siguiéndola al rato.



Llegamos al aeropuerto y cuatro camionetas nos estaban esperando fuera de esta para conducirnos al valle y luego al dichoso Chalet.

"¡Dios mió!" Pensé maravillada, "Así que aquí estábamos, en el famoso Chalet Lapin Blanc".

El lugar era enorme y por lo visto las chicas no habían escatimado en los precios, ya que teníamos la mejor vista a las montañas.

Las paredes de la entrada eran de roble fino, y el enlosado de mármol. En el centro de éste descansaba un venado hecho de marfil dándonos la bienvenida.

-Muy bien – dijo Reneé posicionándose en la entrada – a la izquierda estás sus equipos de ski, a la derecha el garage, siguiendo de frente tenemos el sauna, el bar y el cinema – dijo señalando los lugares.

-Hey, a que la guía esta sexy – dijo Andrew codeándolo a Charlie, ganándose un coscorrón de parte de él.

-Andrew, cállate – dijo Leanne.

-Si amor – contestó él riendo por lo bajo.

-Pero lo que importa ahora son las habitaciones – dijo Reneé sacando un plano de los cuatro pisos de la casa/hotel/mansión o como se le pueda considerar a esta cosa – Rose y Emmet en la primera habitación.

-¡Si! – exclamó feliz mi oso – ¿esta cerca de la cocina? – preguntó curioso, haciendo que todos rodáramos los ojos.

-No – contestó Esme – porque la puedes terminar incendiando…

-Alice y Jazper – siguió Reneé – habitación número tres – los aludidos tomaron sus llaves.

-Bella – yo giré nerviosa al ver que me tocaría dormir con Jacob – tú habitación es la número cuatro – dijo mi madre.

-¿Y Jacob? – pregunté confundida.

-El duerme en la perrera – dijo Rosalie, haciendo reír a mi padre y a Edward.

-No cariño – dijo Reneé tratando de disimular su sonrisa – el duerme con Edward…

-¡QUE! – dijeron ambos a la vez.



-No puedo creer que tenga que compartir la habitación con el chupasangre ese – decía Jacob malhumorado viéndome cómo terminaba de ordenar mis cosas.

-Vamos Jake – resoplé – no puede ser tan malo…- dije deseando ser yo quien compartiera habitación con Ed, para cuando empezaron a tocar la puerta.

-¿Quién? – dije guardando un par de botas.

-Soy Jaz, ¿se puede? – dijo Jazper preguntó desde el otro lado de la puerta.

-Pasa - dije perdiéndome en el gran armario.

-Alice los esta llamando – dijo el rubio –ya trajeron el pino para decorarlo.

-Ok, ya bajamos – dije aún desde el closet.



Ni bien llegamos Alice había empezado a hacer de las suyas. Empezando por que mandó sacar los adornos navideños que ya estaban colocados para cuando llegamos, sólo porque no cumplían sus exigencias y porque quería colgar los suyos. "¡Y mi madre la apoyaba en todo lo que decía!". Luego les pidió a los del servicio que se deshicieran del hermoso pino que reposaba a un lado de la sala del cuarto piso, alegando que era muy pequeño. Y ni bien lo hicieron, mandó a Ed y Em por un pino que había reservado ni bien es enteró que vendríamos a Meribel. Sí, todo lo tenía planeado.

-¡Bella! – dijo contenta al verme – quédate con Em y Edward ayudándolos con las luces, yo voy a ver cómo le va Andrew en el tejado… Jacob, ¿vienes? – le preguntó a mi novio.

-No gracias, creo que soy más útil aquí - contestó el otro.

-Ok… - dijo el duende antes de perderse por la puerta.

-¿Que pasa? – pregunté acercándome a Ed y Em que discutían a un lado de la habitación

-No prenden – se limitó a decir Em sosteniendo una cuerda de luces.

-Déjame verlas – dijo Jacob acercándose a ver el problema.

-Yo puedo hacerlo chucho – dijo Ed molesto.

-Si claro, y por eso mismo toda la estancia brilla por tu proeza… - dijo tomando las luces para revisarlas – sostén esto – dijo dándole el enchufe a Emmet.

-Ya no peleen – dije cansada. Pero no me escucharon, cada uno tomo una parte de la tira de luces y comenzó a hacer lo suyo, valiéndose de miles de argumentos para culpar al otro.

-Ya vengo – dije aburrida al ver que después de media hora de discordias no habían conseguido nada.

Estuve a punto de llegar a la puerta cuando los escuché, y claro… también los olí.

-¡Desconéctalo! – le grité a Emmet al ver que había enchufado las luces y, Ed y Jacob se estaban electrocutando.

Corrí desesperada y tiré del aparato cuando Rose, Alice y Jaz llegaron corriendo para formar un círculo alrededor de los cuerpos…

-¿Estan vivos? – preguntó Rose asustada.

-Te-voy-a-ma-tar – dijo Jacob entre dientes mientras humo salía de su cabeza.

-Mas-te-vale-que-corras-Em – dijo Ed comenzando a levantarse.

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