"LOVE YOU 'TILL THE END"

"Las horas tristes parecen largas
¿Qué tristeza alarga las horas de Romeo?
El no tener lo que, teniéndolo, las acorta
Enamorado, sin su amor, mientras yo lo siento"


"Puede besar a la novia…"

La frase dicha por el padre se repetía en mi cabeza como una sentencia inapelable. Pero el verlo a él radiante, besando a otra mujer, sellando con eso un pacto para el resto de sus días, me terminó de matar.

No era la primera vez que los veía compartiendo muestras de amor como aquella, la diferencia radicaba en que en ésta ocasión cobraba un significado diferente.

-Todo va ha estar bien – traté de convencerme por lo bajo cuando sentí el brazo de alguien rodear mis hombros.

-Belli-bells – susurró Emmie a mi lado con la mirada cargada de pena. Traté de sonreírle de regreso, esta pena era mía, no tenía porque cargársela a otros y más en estos momentos – estas espantosa… - comentó tratando de hacerme reír.

-Gracias – mascullé mirando cómo los recién casados descendían del altar para ser abordados por una muchedumbre de personas queriendo felicitarlos.

-Mi propuesta aún sigue en pie – susurró Emmie limpiando mis lágrimas con sus manos. Yo sólo negué bufando por lo bajo.

-¿Y pasar el resto de mis días tras las rejas? – reí con esfuerzo – Gracias, pero no…

-Era un buen plan – suspiró fastidiado.

-Si, claro… - rodé los ojos… "Secuestro"eso sólo se le podía ocurrir a Emmet.

-¿Vienes? – preguntó sacándome de mis pensamientos.

-Luego… - dije instándolo a que se adelantara. Por ahora, necesitaba recobrar la compostura para el segundo round…


El sol comenzó a perderse por el horizonte. La ilusión del cielo en llamas, cubierto de una gama de colores abrazantes marcaba el final del día y el inicio de la noche. La ceremonia detrás de las puertas de cristal había dado inicio. El primer baile de los recién casado había empezado, pero aquí estaba yo, la dama de honor sumida en su tristeza observando el ocaso desde la terraza.

-¡Maldición Bella!... te estoy llamando desde hace mucho y tu ni caso – masculló una estresada pixie detrás de mí.

-¿Ahora qué quieres Alie? – pregunté cerrando los ojos relajada, disfrutando de las primeras brisas de la noche. A mi lado, mi mejor amiga comenzó a bufar desesperada, pero preferí no afrontarla… todavía.

-Edward esta como loco preguntando por ti – "Eso dolió" pensé. Inconscientemente mi mano voló hacia el lugar en donde estaba mi corazón, esperando sufrir una nueva ola de dolor, pero nada, mi corazón permaneció tranquilo esperando paciente. Con el tiempo había dejado de experimentar ciertas sensaciones desde hace mucho, el dolor era el único que permanecía fiel a mi lado - ¿Recuerdas a Edward, verdad?... ese de los ojos verdes y cabello cobrizo…

-Si Alie… recuerdo quién es Edward – dije ahogándome. Y ahí estaba, una nueva ola de dolor arremetió contra mí volviendo a ocupar el lugar en el que moraba mi corazón.

-¿Y recuerdas que tienes que bailar con él? – su voz ahora sonó más suave, sin reproches, sólo con… tristeza. "¿Por qué tenía que ir regando mis penas a todos los que me rodeaban? No era justo… nada es justo en esta vida"

-Soy sólo la dama de honor – suspiré – no es importante…

-Para él sí… - murmuró.

-Claro… - dije tomando aire. "¿Cuánto más dolor podría experimentar mi corazón hasta que dejara de latir? ¿Era posible destruirlo más de lo que ya estaba?"

-Bella… tal vez no debas… - giré a verla confundida. Alice me miraba indecisa, observando cómo me estrujaba el pecho inconscientemente. Sonreí de verla tan desesperada, se preocupaba demasiado por mí… Yo era fuerte, lo había descubierto en estos últimos años.

-Vamos… - dije jalándola de la mano para abrirnos paso en medio de la gente que rodeaba el centro de la pista.

Una balada suave resonaba en los parlantes. Sonreí reconociendo la canción favorita de Esme y Carlisle, quienes ahora se habían repartido para bailar con los flamantes recién casados. Edward hacía girar a Esme con gracia entre sus brazos mientras ella le daba palmadas cariñosas, antes de acariciar su rostro con añoranza.

Sonreí mirando a la familia que me había acogido con los brazos abiertos desde que tenía consciencia, ellos eran mi segunda familia, la razón por la que aún me mantenía en pie luchando contra este dolor, queriendo hacer las cosas bien…

Sentí como un par de miradas se posaban en mí con insistencia, vagué la vista por toda la sala retrasando el encuentro. Pero su llamado silencioso era como el de un gran agujero negro, atrayente, destructivo y magnético, del cual nunca tuve escapatoria. Sonreí sabiendo que era verdad y afronté su mirada. Edward desde el centro de la pista había detenido su baile, y ahora miraba feliz hacia donde yo estaba parada… "¿Por qué me hace esto?" pensé mientras inconscientemente le devolvía la sonrisa.

El sutilmente se agachó hasta posar un suave beso en la mejilla de Esme para luego susurrarle algo al oído. Ella se giró hacia mí feliz, asintiendo ha algún pedido echo por él antes de darle un último beso a su hijo y empezar a caminar hacia mí.

-A estado preguntando por ti desde hace rato – la dulce voz de Esme me llegó como una caricia mientras me estrujaba entre sus brazos.

-Eso dicen – traté de sonreírle.

-Vamos hija… ve… ya no lo hagas esperar más – dijo acunando mi rostro antes de plantar un beso en mi frente.

Di un paso para subir al pequeño escenario cuando la música paró de golpe. Miré asustada al piso, buscando algún cable que me haya llevado en el encuentro, pero nada. Comencé a mirar ansiosa por si alguien más se había percatado del problema, hasta que di con Alice quién me saludaba radiante desde la cabina del DJ, Emmet a su lado me guiñaba un ojo cómplice mientras me alzaba los pulgares, feliz.

-¡Muévete Bella! – lo escuché gritar sobre el sonido de la nueva canción que comenzó a resonar en la estancia. "Emmet" pensé rodando los ojos algo avergonzada. "Vamos Bella, avanza…te está esperando" me recordó una voz muy parecida a la suya, pero se me hacía muy difícil coordinar mis movimientos en ese momento.

- Bella – su aterciopelada voz me trajo a la realidad, su cálido hálito acarició mi rostro – pensé que habías… desaparecido – murmuró con el ceño fruncido. Tomo mi mano con delicadeza y comenzó a jalar de mí hasta el centro de la pista - ¿Acaso no pensabas bailar conmigo Swan? – preguntó haciendo un mohín adorable.

-Siento haberte hecho esperar Cullen – reí reposando mi cabeza en su pecho, mientras nuestra canción llenaba la estancia.

-Ay mi Bella – suspiró sobre mis cabellos - ¿Love you 'till the end? – preguntó después de algunos segundos, yo reí encogiéndome de hombros.

-Alice – comenté lo obvio, mientras el rodaba los ojos - ¿te molesta? – susurré indecisa volviendo a recostar mi rostro en su pecho. Si me iba ha apuñalar, no iba a dejar que viera el dolor que me causaba.

-No cielo – dijo besando mi coronilla – esa siempre será nuestra canción – susurró en mi oído, empezando a cantarla con su perfecta voz.

I just want to see you
When you're all alone
I just want to catch you if I can
I just want to be there
When the morning light explodes
On your face it radiates
I can't escape

-I love you 'till the end – su mirada era intensa, y una sonrisa sincera brillaba en su perfecto rostro al pronunciar esas palabras. Con su voz de tenor opacaba con creces a la reconocida banda que surgió en los ochentas… "Si tan sólo se diera cuenta lo que causa en mí" pensé volviendo a suspirar por enésima vez.

I just want to tell you nothing
You don't want to hear
All I want is for you to say
Why don't you just take me
When I've never been before
I know you want to hear me
Catch my breath
I love you 'till the end
I just want to be there
When we're caught in the rain

-I just want to see you laugh not cry – cantó acunando mi rostro mientras lágrimas traicioneras escapaban de mis ojos.

I just want to feel you
When the night puts on its cloak
I'm lost for words don't tell me

-All I can say – busqué su mirada siguiendo la pista, el sonrió feliz al ver que empecé a cantar junto ha él – I love you 'till the end – susurré.

-I love you 'till the end – repitió él acunándome entre sus brazos, como si tuviera miedo que fuera a desaparecer. Nuestra canción fue llegando a su fin, y la angustia empezaba a hacer acto de presencia de nuevo, suspiré cansada y Edward rió bajito - ¿Por qué lloras tanto princesa? - dijo aún reteniéndome entre sus brazos.

-Es que… - me mordí el labio indecisa – cantas horrible – mascullé haciéndolo reír. Una canción más movida comenzó a resonar en los parlantes y la gente se comenzó a precipitar al escenario.

-¿A dónde vas? – preguntó Ed tomándome de la mano cuando comencé ha alejarme.

-Al bufet – comenté tratando de sonreírle – Emmet me prometió que seríamos los primeros en meterle mano a esa torta, antes de que empezaran a cortarla…

-Bella – dijo él riendo, mientras yo le sacaba la lengua.

-No se notará… mucho – comencé a reír alejándome de él más deprisa cuando vi que su esposa le rodeaba la cintura por detrás – adiós – susurré bajito abriéndome paso entre la gente.


Una veintena de mesas rodeaban el pequeño entarimado que ahora estaba despejado. Los primeros bailes de la noche habían finalizado y ahora, henos aquí a todos sentados en las mesas, disfrutando de la alegría que emanaban los recién casados…

-Vas a comerte esa cosa – dijo Emmet metiendo la mano en mi plato, llevándose sin esperar respuesta el caviar que reposaba en él.

-Deja que Bella coma tranquila Em – gruñó Edward frente a nosotros – aquí tienes, toma los míos si quieres – dijo tendiéndole su plato.

-No gracias – dijo mi oso divertido – yo quiero los de Bella… - murmuró moviendo las cejas sugerentemente.

-Em… ya está todo listo – resopló Alice tirándose como un bólido en su asiento a mi lado, abanicándose con el cronograma de eventos.

-Yo… ¿es necesario? – murmuró Em pálido ajustándose el nudo de la corbata. Edward, su esposa, sus padres y yo reímos al ver que Alice estaba dispuesta a decapitarlo por decir tremenda barrabasada.

-Ya perdí el apetito – gruñó Em cruzándose de brazos cuando Alice se volvió a alejar hacia el maestro de ceremonias.

-Entonces… ¿puedo? – pregunté jalando un poquito su plato para ver su reacción. El gruñó e inmediatamente volvió a tirar de él – dijiste que no tenías apetito – acote forcejeando con él.

-Que haya perdido el apetito no quiere decir que no me lo vaya a comer – masculló volviendo a tirar de él.

-Glotón…

-Renegona…

-¡Emmet! – exclamó Alice quitándonos el plato ha ambos y entregándonos en su lugar un micrófono – ya esta encendido - murmuró bajito mientras lo jalaba de su brazo para que empezara a hablar.

-¡Párate! – mascullamos ambas al ver que se había hundido más en su silla. Edward rió divertido frente a nosotros.

-Bueno… este – dijo golpeando el micrófono logrando que un pitido chirriante brotara de los parlantes, sobresaltando a la gente - ¡Ups!

-Tu copa tonto – dijo Alice extendiéndole la copa.

-Ah, si… si, claro – dijo tomándola de las manos de la pixie mientras recogía un tenedor y golpeaba con este la copa para acaparar la atención de todos - ¡Mierda!

-¡Emmet! – exclamamos cuanto terminó rompiendo el cristal al haberle dado con más fuerza de la necesaria.

-Estoy bien… estoy bien – comenzó a restarle importancia mientras se limpiaba con el mantel. Para eso, ya todos los invitados miraban expectantes a que el miembro "especial" de la familia comenzara a hablar.

-No te rías Edward – mascullé al verlo desentornillarse de la risa mirando a Emmet.

-Muy bien… ahora sí – resopló mi oso entrecerrando los ojos al mirar a Edward – un sabio me dijo una vez que el mejor discurso del padrino, dura tanto como él novio hace el amor… entonces… ¡Muchas gracias Damas y caballeros! – dijo alzando su copa – ¡Por los novios! – brindó sentándose en su sitió mientras los invitados rompían en sonoras carcajadas.

-¡Emmet! – grité tratando de disimular las risas. Mi gran oso me miró radiante, mientras se volvía a levantar pidiendo con un gesto que todos callaran.

-Trataré de ser serio… - sonrió no muy convencido - Realmente no soy el padrino, prefiero que me vean cómo un hombre grande, atractivo y sexy – dijo guiñándole un ojo a las damas del lugar."Ok, será mejor que le quites el micrófono" dictó mi conciencia al ver el extraño brilló en sus ojos, y esa sonrisa que no deparaba nada bueno – Has tenido suerte hermano, para que una mujer dulce, cariñosa, inteligente y hermosa como Angela se haya fijado en ti – comentó soltando una atronadora carcajada – ¡Gracias a Dios que te casaste con él Angela, porque nadie más lo haría! - dijo inocentemente al ver la mirada amenazante que Edward le dirigía, pero la sonrisa en sus labios y el brillo en sus ojos contradecía totalmente su expresión- ¡Bah! Se supone que tengo que hablar también de Eddie – risas suaves se extendieron por el lugar esperando sus palabras – Eddie nació el… bueno nació un día hace mucho años, traté de unir esa fecha con algún otro evento importante, pero nada importante ocurrió ese día, salvo para mí, que fue el día en que empezaron a publicar Dragon Ball en la revista de Shonen Jump semanalmente…

-Emmet… - mascullé por lo bajo.

-Sí lo sé Bella – sonrió dándome palmaditas en la cabeza haciéndome gruñir – estuve buscando hace poco en internet algunos versos para dedicárselos a mi hermano… ¡Ay tantas cosas interesantes! – sonrió malignamente – escucha bien estas palabras Eddie… - dijo comenzando a recitar.

El novio perfecto es generoso.
Nunca duro, cruel o malo.
Tiene una sonrisa hermosa que mantiene en su rostro.
Él novio perfecto gusta de los niños, y juega a su lado
Él siempre será un buen padre y un marido perfecto para su novia.
Él novio perfecto gusta de cocinar, limpiar y lavar la ropa también…
Hace las cosas sin que se lo tengas que pedir, para mostrar amor por ti.
Es el mejor amigo de tu madre y de tu hermana.
Nunca te hará llorar, ni te infringirá daño de ninguna manera.

-Si este poema es verdad – habló sobre los suspiros de las mujeres – Te vas a convertir en un completo gay – dijo rompiendo en sonoras carcajadas – ¡Por el futuro gay de la familia! – dijo volviendo a alzar su copa – ¡Salud! – exclamó coreado por las risas de todos los invitados.


-¿Estás bien? – susurró mi amiga tendiéndome una copa de vino.

-Gracias – respondí asintiendo. Un silencio cómodo se situó en medio de ambas. Dentro del local las personas disfrutaban de la fiesta, ajenas a nuestra conversación.

-¿En qué piensas? – preguntó ahora apoyándose a mi lado, en el balcón de la terraza.

-En nada y en todo – comenté. Ella calló esperando que continuara – pensaba en Edward y en lo feliz que se ve… pensaba en Ángela, y me preguntaba si ella sería capaz de amarlo tanto como yo… y… pensaba en mí, en lo que sería ahora de mi vida sin él…

-Bella… - murmuró Alie acariciando mi cabello.

-El siempre fue mi todo Alie, y durante algún tiempo yo creí serlo para él… pero… ahora es diferente.

-Tu siempre serás la persona más importante en su vida Bella – "Ojala fuera verdad" pensé sintiendo correr una lágrima por mi mejilla – ay veces en las que me pregunto… ¿en dónde fue que se terminaron perdiendo? – comentó entrecerrando los ojos.

-A qué te refieres… - giré a verla confundida.

-Es decir… - su hermoso rostro reflejaba la misma confusión que el mío, y eso no era muy común en ella.

-Ustedes nacieron para estar juntos – se explicó – no, espera… - bufé exasperada – déjame continuar – dijo la pixie molesta por mi interrupción. No es un presentimiento, es un hecho… - susurró – desde que los conocí creí que eran novios, no sólo por la manera en la que se comportaban… sino por lo que expresaban: una mirada, una sonrisa, ni siquiera las palabras eran necesarias entre ustedes… La manera en la que tú girabas a su alrededor, acoplándote a él… - calló – y él, tan sobre protector y amoroso contigo… tu siempre has sido la primera para él – sentenció.

-El me considera su hermana, Alie…

-No, no es así… un hermano no deja a tantas novias sólo porque ha su "hermanita" no les agrada, ¿verdad?

-Bueno… ¿cuál es el punto?... al final no dejó ha Ángela – suspiré.

-Y ahí está a lo que quería llegar… ustedes confundieron el amor con la amistad, llegando a un punto muerte del cual no han podido salir, o por lo menos él… ¿Sabes Bella? – dijo llamando mi atención – los seres humanos son muy extraños… tendemos a ir por lo cómodo y seguro, por miedo a afrontar los cambios. Edward se siente cómodo viéndote como una hermana, su mejor amiga, y mientras no salga de esa comodidad, no va a poder ver con claridad… - yo cada vez la miraba más intrigada. "¿Cuántos vasos de vino habrá tomado hasta ahora?" – y tú Bella, te fuiste por lo seguro, temerosa de los cambios… si tan sólo te arriesgaras Bella… él te ama, de eso estoy segura.

-Me ama pero le entrega su amor a otra mujer… - reí amargamente.

-De verdad no entiendes, ¿verdad? – farfulló molesta – cuando Edward incluyó a Ángela al grupo por primera vez, me pareció la cosa más retorcida de todas – "Ahora sí que me perdí" – él ha ido buscando en cada una de sus parejas a alguien que se parezca a ti…

-Esa es una fea acusación Alice – dije molesta.

-Pero es la verdad, así les duela… tú y ella se parecen mucho en algunas cosas y es justamente esas pequeñas coincidencias lo que Edward ama tanto de ella… sus sonrojos, la timidez que emana, esa compasión que profesa…

-Basta Alice… ¡Sólo haces las cosas más difíciles!

-Pues alguien te las tiene que decir – bufó.

-¿Y qué ganas con eso? Él ya esta casado y no seré yo quien destruya su matrimonio…

-Lo sé… - suspiró.

-¡Ahí están! – exclamó Emmet interrumpiendo nuestra conversación.

-Sácate eso de la cabeza – le ordenó la pixie tirando de la corbata que se había amarrado en la frente.

-Duele… ¡Ay Alie! – se quejó el otro.

-¿Qué querías Em?

-Ed y Ángela ya bajaron, están en la puerta despidiéndose de todos – dijo tirando de nosotras a la puerta.

"Se va…" Pensé con el corazón en la mano… "Era de esperarse Bella… o acaso creías que pasaría su luna de miel en casa" me dijo una voz muy conocida parecida a la suya en mi cabeza.

Nos detuvimos a un lado de la puerta, toda la escalera había sido ocupada por la familia e invitados quienes gritaban felicitaciones y tiraban flores a los recién casados que ya estaban subiendo a la limosina que esperaba por ellos… "Se va y no se ha despedido de mí"…la decepción me embargó pero traté de convencerme que era lo mejor. Sólo era cuestión de tiempo para que los volviera a ver…

-¡Bella!... ¡Bella! – escuché mi nombre ser llamado sobre el barullo pero yo ya estaba dando media vuelta hacia la terraza - ¡Bella! – dijo jalando de mí - ¿Acaso creías que iba ha irme sin despedirme de ti? – murmuró buscando mi mirada, yo sólo negué incapaz de decir algo - ¿Te cuidarás en mi ausencia? – asentí – nada de dejarse llevar por las locuras de Emmet…

-Le quitas la diversión a todo – dije acariciando su rostro.

-Te llamaré ni bien nos embarquemos – prometió.

-Es tu luna de miel, no deberías andar preocupándote por la patosa de tu mejor amiga – sonreí haciéndolo rodar los ojos.

-Te llamaré… - dijo abrazándome por última vez.

-Angela se terminará cansando de ti – mascullé, aunque muy en el fondo guardaba la esperanza de que así fuera.

-Si claro – comentó riendo – Love you till the end – murmuró dándome un último beso en la frente.

-Me too… - susurré – ya vete, perderás el barco – dije empujando sus brazos.

-Hasta pronto mi Bella – dijo corriendo a la limosina que esperaba por él.

-Adiós Amor – susurré al ver cómo desaparecía cuesta abajo.


La vida es un extraño tapiz de decisiones que van contando una historia. Cada hilo nace de una decisión y termina en una consecuencia, que va moldeando el tapiz de nuestras vidas.

¿Mi tapiz?... Al inicio mi tapiz estuvo formado por hilos sencillos pero hermosos a su manera, creí que era lo correcto y me conforme con esto hasta que por cosas del destino, Ed entró a mi vida. Los hilos ya nunca más volvieron a ser los mismos, su sola presencia le trajo brillo y color a mi monótona existencia.

La base de todo son las decisiones… en el momento en que decidí callar y tragarme mi amor, la belleza de mi tapiz se fue perdiendo poco a poco, ya no brillaba y sus colores dejaron de ser… sombras grises, eso era lo único que se podía apreciar ahora…

Hace más de una hora que Edward se había ido a su luna de miel. No tuve fuerzas para seguir en la fiesta, por lo que decidí no prolongar más mis planes…

Tomé el sweater y mi bolso de mano para el camino, mis maletas ya estaban guardadas en el maletero del auto esperando por mí. Repasé mi habitación por última vez; todo yacía en su lugar, la foto en la que Edward y yo posábamos felices con tan sólo diez años reposaba sobre mi buró al lado de mi contestadora, que marcaba que no había ningún mensaje… "Te llamaré" había prometido él y yo sabía que lo haría, pero tal vez para entonces yo ya estaría montada en un avión. No estaba huyendo… no… eso sería lo último que se pasaría por mi cabeza. Pero necesitaba un respiro, necesitaba encontrar mi propio camino y la felicidad que creí perdida. "Es tiempo de viajar y encontrarme a mí misma" pensé saliendo de mi habitación antes de cerrar la puerta…

-¿Tus cosas ya están dentro del carro? – masculló Alice, aún seguía enfadada porque le había dicho que quería emprender este viaje sola - ¿No vas a esperar a que te llame? – preguntó caminando detrás de mí.

-Ya es tarde… -suspiré evadiendo el tema. Decirle a Edward que me estaba yendo por un tiempo, era tan complicado como decirle que llevaba años enamorada de él. Saqué la carta que le había escrito de mi bolso y me adentré a mi estudio, Alice me miró escéptica pero prefirió no preguntar para quién era, supuse que ya lo sabía. Mi estudio… cuánto extrañaría ese lugar. Las paredes rodeadas de estanterías hasta el techo, desprendía el olor y sabiduría de libros acumulados durante años. Al frente, una pared de vidrió dejaba que la luz de la luna se colara por esta dándole una imagen fresca a la estancia. Varios sillones de cuero negro reposaba en el centro, y en la esquina posterior un gran escritorio de cedro fino me instaba a acariciarlo. Me acerqué con parsimonia acariciando todo a mi paso, sentí ha Alice mirándome desde la puerta pero preferí ignorarla. Avancé hasta estar detrás de mi escritorio, y me recosté en esa silla plegable en la que me había quedado dormida incontables veces tras horas de estudio. Varias fotos de mi familia y amigos reposaban sobre la gran mesa, varios libros esperaban al otro lado por ser leídos. Suspiré acariciando por última vez la foto desde la que Ed me miraba sonriente, el día de su diecisieteavo cumpleaños… tomé la carta y la coloqué delante del marco, esperando que la encontrara a su regreso.

-Vamos Bella, se nos hace tarde – suspiró Alice llamándome una vez más. A estas alturas, sentía que cada cosa que hacía era como si fuera echa por última vez… negué quitándome ese pensamiento tonto mientras me levantaba del sitio cuando el teléfono comenzó a sonar. Miré asustada el aparato que marcaba el número de Edward, tragué pesado pero aún no era capaz de contestar, Alice cruzó la estancia en unas cuantas zancadas y levantó el teléfono exasperada – ¡Aló! – masculló – sí, aquí está… - dijo tendiéndome el teléfono – tómalo Bella… - rodó los ojos - te espero abajo – murmuró dándome un poco de privacidad

-Edward – murmuré con un hilo de voz.

-¿Ocurre algo Bella? – preguntó con la voz distorsionada por la mala señal – Alie no se escuchaba muy feliz que digamos…

-Es Alice – respondí tratando de quitarle importancia. No quería que notara los nervios en mi voz – debe estar en sus días…

-Si, debe ser… - murmuró poco convencido – tuve la esperanza de que te quedaras en la fiesta un poco más, veo que nunca haces lo que espero…

-Después de que Emmet casi se trae abajo media decoración, preferí salir de ese lugar por mi propia seguridad…

-¿Qué Emmet hizo qué? – gritó exasperado – hiciste bien Bella… - ¡Edward! Escuché que alguien lo comenzó ha llamar desde la otra línea – este… cielo… tengo que colgar – susurró algo… ¿emocionado?. "¡No Bella, no pienses en eso!" pensé tratando de alejar la imagen de Edward y Angie de mi mente - te volveré a llamar… - dijo apresuradamente.

-No Edward… no es necesario – contesté desesperada al ver que notaría mi ausencia antes de tiempo– probablemente este fuera unos días con Alice… - mascullé, era una pésima mentirosa – ya sabes, cosas de chicas…

-Ya veo… - dijo algo confundido. "Estúpida Bella, con lo que te encanta jugar a ser la barbie de Alice" me gritó mi conciencia…

-Edward, amor… - la voz de Ángela se fue escuchando más cerca.

-Cuídate mi Bella… - dijo Eddie un poco reacio a colgar – te quiero princesa.

-Y yo a ti tonto – dije aguantando el llanto.

-Cuídate por favor – volvió a rogar – no quiero ser paranoico, pero, siento que… ¡Dios! Son sólo tonterías mías…

-Ya deja el chocolate Eddie… - mascullé haciéndolo reír.

-Ya voy… - escuché que le gritaba ha alguien cuando lo volvieron a llamar

-¿Bella? – preguntó la voz de Ángela desde la otra línea. "¡Oh Dios Mío!"

-Hola Angie – saludé algo incómoda – este… bueno…

-¿Todo está bien Bella? – preguntó algo confundida. "¿Cómo no estarlo si encuentras a tu esposo llamando a su mejor amiga, el día de tu noche de bodas?... yo lo hubiera dejado estéril ahí mismo… bueno, tal vez no"

-Si Angie, no te preocupes… - mascullé.

-Ya veo – murmuró ella – bueno Bella, fue un gusto hablarte cielo pero… tenemos que cortar, tu… entiendes.

-Si claro… - dije con esfuerzo.

-Cuídate – susurró – y Bella… - volvió a llamar – gracias…

-¿No entiendo? – dije sin pensarlo. ¿Qué tenía que agradecerme?

-Gracias… por él… - murmuró. "¿¡Qué! ¿¡Qué dijo! ¿Estoy soñando verdad?" pensé desesperada – espera, Edward se quiere despedir de ti…

-¿Qué te dijo? – preguntó volviendo a tomar el teléfono, yo aún seguía sin poder contestar – ¿Bella estás ahí?

-Si, si… - farfullé – no fue nada… sólo dijo que tenían cosas que hacer… - mentí, otra vez.

-Ah, claro… - lo escuché reír, y juraría que lo hacía para ocultar su bochorno- tengo que colgar Bella…

-Vienes diciendo lo mismo desde hace media hora… - mascullé – sólo hazlo…

-Se nota que me quieres – bufó - hasta pronto mi tonta Bella… - dijo haciéndome reír.

-Adiós Edward… - murmuré para cuando ya había colgado.

-¿Ahora sí podemos irnos? – preguntó Alice sacándome de mis pensamientos, pues me había quedado observando el teléfono con nostalgia.

-Si… vámonos… - murmuré tratando de dejar atrás todo, mis problemas, mis recuerdos y mis miedos…


Edward POV

¿Cuánto tiempo llevaba en este barco?

Sentía que había pasado una eternidad, pero viendo el crepúsculo alzándose por el horizonte sabía que sólo había sido cuestión de horas. Me levanté con cuidado de la cama tratando de no despertar a Ángela quien había pasado una mala noche producida por el movimiento del barco… si Emmet y Bella se enteraran que mi noche de bodas la pasé junto a mi mujer, en el baño de nuestro camarote, viendo cómo esta se abrazaba al retrete como si la vida se le fuera en ello, tendría que soportar sus burlas durante el resto de mi vida.

"Bella…" suspiré tomando la bata que reposaba a un lado de la cama para salir a cubierta. El frió aire matutino terminó de despabilarme, no había podido pegar ojo durante toda la noche y no específicamente porque estuviera cuidando de mi mujer indispuesta, sino por esa continua preocupación que no me había abandonado desde que nos embarcamos en este yate... "¿Ansioso?" Sí, tal vez esa era la mejor palabra para calificar ese sentimiento, pero no sabía el por qué de esta situación. Todo estaba bien, Bella estaba bien… no había motivo para sentirme preocupado de esa manera por ella, pero aún así, no podía dejar de hacerlo. Ese sentimiento de pérdida se incrementaba con cada segundo que pasaba… "¿Pérdida? ya estoy comenzando a divagar"…

El sol se alzaba detrás de las nubes, anticipando un mal tiempo para aventurarse a las aguas… "Genial" pensé sintiendo los vientos alzarse con más fueras contra el pequeño barco, meciéndolo a su antojo

-¡Edward! – exclamó Angie desde el camarote. "Y aquí vamos de nuevo…" pensé corriendo ha atenderla.

-Aquí estoy cielo – dije viéndola correr hasta perderse detrás de las puertas del baño.

-Quédate ahí por favor, esto ya es demasiado penoso… - dijo impidiéndome entrar detrás de ella cuando el teléfono comenzó a sonar.

-Pero Ang…

-Mejor contesta el telé… - calló al sentir una nueva ola de nauseas, para cuando volvió a hablar estaba más agitada – contesta el teléfono Edward… - ordenó con la voz pastosa.

-Voy – dije yendo en busca del aparato que había ido a parar al suelo en medio de la noche.

-¿Quién es? – preguntó desde el baño.

-No sé… - dije viendo extrañado el número desconocido.

-Contesta…- calló y volvió a hablar después de un momento - de una vez Edward…

-¿Aló? - pregunté extrañado, el sentimiento de angustia volvió a hacer acto de presencia…

-Edward… - se escuchó los sollozos desde la otra línea.

-¿Alice? – murmuré asustado - ¿Alice, eres tú? – volví a preguntar al ver que sólo se escuchaban sollozos y gritos desde la otra línea.

-Edward… - sollozó – ¡oh Edward! – dijo con pena contenida – es Bella…

-¿Qué tiene? ¿Qué le pasó ha Bella? – silencio – ¡Habla de una maldita vez Brandon! – Desesperado, sí, así me sentía…

-Bella… Bella esta… muerta – dijo pero ya no escuché más pues el aparato cayó de mis manos estrellándose contra el suelo.

-Edward… ¿qué pasa? – escuché una voz lejana preguntar a mis espaldas – Edward… háblame… - pidió pero mi mente y mi cuerpo parecían actuar en sintonías diferentes – Edward – llegó hasta mí y me giró con esfuerzo - ¿por qué lloras? – preguntó angustiada. Vi que levantó el teléfono y comenzó ha hablar apresuradamente con quien estuviese en la otra línea… pero ya nada me importo…. La voz de Alice se repetía en mi cabeza como una maldición… "Bella está… muerta"

-Nooooooo…. – grité derrumbándome en las sombras.



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